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Expos Internacionales

Expo Aichi 2005

Expo Aichi 2005

Japón acogió la primera exposición universal del siglo XXI en la prefectura de Aichi. Del 25 de marzo al 25 de septiembre de 2005, Aichi acogió a más de 22 millones de visitantes de todo el mundo.

El Gobierno japonés cursó las invitaciones oficiales en marzo de 2001 y España fue el primer país de la Unión Europea en confirmar su participación un mes después. Un total de 121 países de los cinco continentes acudieron a Expo Aichi 2005. También organizaciones internacionales, como la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), la Cruz y la Media Luna Roja, Naciones Unidas... tuvieron una presencia destacada en el evento.

Lemas Expo Aichi
El eje vertebrador de Expo Aichi fue la armonía global, que, bajo el lema de La sabiduría de la naturaleza, trató de reunir todas las experiencias y conocimientos que la humanidad ha adquirido hasta el momento. Los japoneses reconocen los daños que el desarrollo acelerado ha causado en su propio entorno y deseaban provocar un retorno hacia la naturaleza como fuente de sabiduría por medio de la Expo, en la que se ofreció un recinto que servía como gran laboratorio global para preparar un futuro mejor para la humanidad.

Las tres áreas temáticas básicas en torno a las cuales se desarrolló la exposición fueron:

La matriz de la naturaleza: el universo y la tierra imaginados por la humanidad; la comunicación como tecnología del futuro; la experiencia de la humanidad y la ciencia de la vida.

El arte de la vida: las culturas y su coexistencia con la naturaleza, las artes heredadas a través de los tiempos, la tecnología y la ética en el pasado y en el futuro.

El desarrollo de eco-comunidades: el desarrollo y preservación de la naturaleza y la recuperación del medio ambiente en el siglo XXI. Propuestas de estilos de vida para el nuevo “ciudadano global” y la construcción de un nuevo sistema social basado en los conceptos del reciclaje y el ahorro de energía.

Recinto
El recinto de la exposición abarcaba una superficie aproximada de 173 hectáreas e incluía espacios naturales protegidos, como el Youth Park Area. Estaba situado en las proximidades de Nagoya, entre la ciudad de Seto, la localidad de Nagakute y la Ciudad de Toyota, en una zona de colinas, lagos y bosques. Así, las mascotas oficiales de Expo Aichi, Morizo y Kiccoro, eran duendes de este bosque, y poseían el poder mágico de mantener la chispa de la vida de un bosque, reconfortar a lo seres cansados ofreciéndoles sol filtrado a través de las hojas o activando brisas refrescantes. Morizo era un duende de cierta edad y Kiccoro, un niño.

El recinto se concibió con el máximo respeto por el entorno natural y tanto los equipamientos y materiales que se emplearon en su construcción como en las infraestructuras tuvieron en cuenta el concepto de las 3 R (reducir, reutilizar, reciclar). Tras la clausura de la exposición el recinto se conservó como parque público.

Para facilitar la participación de los países en vías de desarrollo, y a diferencia de anteriores exposiciones universales, los países no tuvieron que construir sus pabellones, sino que fue la propia organización quien se ocupó del diseño y construcción de todos los espacios. Se trataba, según los organizadores, de crear un recinto más urbanístico que arquitectónico, que alterase lo menos posible el entorno y que facilitase su posterior reutilización. Con ello se pretendió crear un nuevo modelo urbanístico que sirviese de referencia para las ciudades del siglo XXI.

La variada orografía del terreno donde se ubicó la exposición llevó a una agrupación de los pabellones en seis zonas, denominadas Global Commons (Comunidades globales), todas ellas unidas por un corredor peatonal elevado, llamado Global Loop (Paseo del orbe). El criterio de agrupación de los países en cada una de estas “comunidades” se hizo por continentes. La estructura de los pabellones nacionales era modular, de manera que cada país pudo optar por las dimensiones más adecuadas a sus necesidades, con un máximo de cinco módulos.

Inauguración
El 25 de marzo se inauguró Expo Aichi con el reto de abrir las puertas a un futuro que haga compatible el bienestar con el respeto al medio ambiente. La respuesta japonesa era la tecnológica. Tanto él concepto general de la sede como los contenidos de los pabellones de las instituciones públicas y de las empresas presentaban diversas soluciones: el uso de nuevos materiales, el reciclaje o creación de robots y vehículos que optimicen el trabajo y ahorren energía. Sin embargo, los grandes protagonistas fueron los numerosos robots de la Expo, que cumplieron numerosas tareas: limpiar suelos y detectar fuegos a bailar rap, tocar el trombón o dar la bienvenida en cuatro idiomas tal y como la haría una azafata real, en el caso de los humanoides.

 

 

El Pabellón de España eligió como área temática El arte de la vida, sin dejar de presentar algún contenido de otras áreas. Se eligió como lema del pabellón Compartir el arte de la vida. A partir de los numerosos puntos en común que existen entre España y Japón en actividades tradicionales, costumbres y hábitos de consumo, este planteamiento buscaba estrechar lazos entre el pueblo japonés y el español mediante un mejor conocimiento de nuestra realidad, para mostrar posteriormente las diferencias. Se trataba de proponer un proceso de fusión entre ambas culturas, cuyas relaciones comenzaron en el siglo XVI con la llegada de las primeras expediciones misioneras.

El Pabellón de España estaba situado en el Global Common 3, rodeado por el pabellón que compartían Francia y Alemania, el pabellón italiano y el de Turquía. Además, esta “comunidad global” también estaba integrada por otros países de la cuenca mediterránea como Túnez, Grecia, Croacia, Jordania o Marruecos.

El pabellón español ocupaba el espacio máximo permitido por la organización de Expo Aichi: una superficie de suelo de 1.620 metros cuadrados a la que se sumaba una entreplanta de 810 metros cuadrados. La superficie total del Pabellón de España era, por lo tanto, de 2.430 metros cuadrados.

El 13 de octubre de 2003 se convocó un concurso público de primeras ideas para el Pabellón de España de Expo Aichi 2005 y sus contenidos, al que se presentaron 12 empresas. Tras analizar sus capacidades, el 23 de octubre se convocó a las seis empresas seleccionadas y se les entregó un informe con los requisitos básicos que debía cumplir. Las empresas seleccionadas fueron: Sono Tecnología Audiovisual; Inypsa SA con FOA (Foreign Office Architectes); Patali S.L. y Vitel SA; Lunatus Comunicación Audiovisual S.L., Dani Freixes & Varis Architectes S.L., Macua García-Ramos Equipo de Diseño SA y Grupo Entorno – Entorno y Vegetación SA; GPD General de Producciones y Diseño SA; y Empty S.L.

Finalmente, el 30 de enero de 2004 el Consejo de Administración de la SEEI adjudicó el proyecto a la UTE formada por Inypsa SA y FOA.

El edificio
En la propuesta elegida,el diseño del Pabellón de España, obra del arquitecto Alejandro Zaera, junto a Farshid Moussavi, tomaba como referencia la síntesis entre las culturas islámica y judeocristiana que se produjo en la Península Ibérica durante varios siglos y que forma parte crucial de nuestra cultura. Zaera organizó el pabellón en torno a un gran espacio central, un vacío que servía de nave o plaza. Este vacío hacía referencia a las naves románicas y góticas, con predominancia vertical, cuya monumentalidad se conseguía mediante el tamaño, mediante la desproporción entre el espacio y el visitante, y daba acceso a las “capillas”, en las que se concentraban los contenidos más específicos.

Para la fachada, Zaera reprodujo un efecto popular en la arquitectura tradicional española: la celosía. Se trataba de una gran pared perforada que envolvía el pabellón preconstruido a tres metros, dejando así un espacio intermedio que funcionaba como porche, un lugar de transición entre el interior y el exterior, que tamizaba la luz y proporcionaba un resguardo óptimo en el que las colas de visitantes se resguardaran tanto de la lluvia como del intenso calor. Además, este tipo de espacios se encuentra también en la arquitectura tradicional japonesa, como los templos de Kioto, donde el límite entre interior y exterior está difuminado mediante varias membranas, por lo que la fachada era un guiño más a la cultura japonesa.

Para conseguir las tramas geométricas de la celosía se utilizaron tres hexágonos distintos de seis colores diferentes. Las piezas eran de cerámica, material básico en la arquitectura española tradicional y contemporánea. En total, más de 15.000 hexágonos decoraban las fachadas del pabellón. De ellas, 11.000 recubrían las fachadas norte y este. Eran piezas huecas, fabricadas en España por Cerámica Decorativa y Cerámica Cumella y transportadas a Nagoya con la intención de llevar la “tierra de España” hasta Japón, de poner al visitante en contacto directo con una parte de nuestro suelo y nuestra cultura. El resto de los hexágonos, los 4.000 de la fachada oeste, eran piezas planas fabricadas en Seto, cuna de la cerámica japonesa y ciudad cercana al recinto que albergó la Expo, por lo que este material fue, una vez más, punto de encuentro entre las dos culturas.

El 14 de septiembre de 2004, la SEEI recibió formalmente el modulo y los terrenos sobre los que construiría el pabellón español. La ceremonia de entrega, en la que estuvo presente el director del pabellón se desarrolló en el recinto de la EXPO y a ella asistieron los representantes de los 125 países y organizaciones que participaron en Aichi 2005. Al día siguiente, la empresa Takenaka empezó la construcción del pabellón, que el 10 de febrero de 205 estaba totalmente terminado, siendo el primer pabellón nacional en acabarse.

Contenidos
El primer contacto del público con los contenidos del pabellón se producía ya en el espacio de colas. Mientras los visitantes esperaban, unas llamativas bocinas y una serie de banderolas suspendidas a lo largo del recorrido, con breves frases (impresas en distintos idiomas) iban aproximando al visitante a España, con datos básicos sobre nuestra situación geográfica, el entorno geopolítico, la población, nuestra historia, etc. El espacio de colas daba acceso al pabellón en sí. En el vestíbulo, de color rojo, color con el que los japoneses identifican Japón. San Francisco Javier, misionero español que estableció los primeros lazos entre España y Japón, daba la bienvenida a los visitantes, a través de un audiovisual y una frase impresa sobre la pared: “Son los japoneses más sujetos a la razón de lo que nunca jamás vi en gentiles; tan deseosos de saber que nunca acaban de preguntar y de hablar...”. Y también en el vestíbulo se podía preguntar, en el punto de información habilitado al respecto. Ahí, un grupo de azafatas se encargaba de distribuir entre los visitantes los distintos folletos: el programa cultural del pabellón, los cuadernillos de la comunidad autónoma que en esas fechas estuviera celebrando su semana, información sobre la nao Victoria, el plano del pabellón y la correspondiente información de sus salas, etc.

Desde este vestíbulo se accedía a “La Plaza”,en torno a la cual estaba organizado el pabellón, que era el núcleo del mismo y reflejaba una síntesis de la idea básica de la fusión tradición-contemporaneidad, característica esencial de nuestro arte de vivir. Era también una plaza de ceremonias y espectáculos y el espacio central del recorrido expositivo. Este monumental espacio, de aproximadamente 260 metros cuadrados, estaba cubierto por una cúpula (de nueve metros de altura) formada por un mosaico de piezas poligonales. En la plaza, 16 pantallas situadas por encima de las cabezas de los espectadores tapizaban las paredes, envolviéndoles en un espectáculo audiovisual continuo, con imágenes y sonidos que ofrecían una idea representativa de España y de su rico y variado patrimonio y de su capacidad tecnológica e industrial en el desarrollo de nuevas aplicaciones de las energías alternativas y renovables. Breves textos ayudaban al espectador a comprender y situar las imágenes en su contexto. En uno de estos audiovisuales, realizado por Pedro Pinzolas, la actriz María Bueno invitaba al conocido actor japonés Ryuhei Matsuda a visitar los lugares españoles que son Patrimonio Natural, Cultural o de la Humanidad. Además, las 16 pantallas de La Plaza se pusieron al servicio de otras necesidades, como la proyección de películas propias de comunidades autónomas. Para los espectáculos desarrollados en el pabellón, embutidas en el suelo, podían encontrarse dos plataformas hidráulicas que permitían generar escenarios de distintos tamaños.

Desde La Plaza, se podían visitar las distintas capillas, a los espacios temáticos: El Ingenio, Paraísos cultivados, Don Quijote, Héroes contemporáneos y La Fiesta.

Los espacios temáticos, las diferentes salas, eran muy diversas, tanto por su contenido como por el tratamiento. En ellos se desarrollaba el discurso del pabellón en estancias independientes, en cuyo diseño participaron, además, creativos y artistas españoles. Se trataba de cámaras autónomas que permitían lecturas separadas, por lo que no era necesario verlas todas para sacar una idea de conjunto. Así, cada visitante podía elegir aquellas que más le atraían y recorrerlas en el orden que más le apetecía. Para realizar la transición de la plaza a las salas de contenidos se jugó con el concepto de contracción/dilatación del espacio, con el fin de cambiar el nivel de atención para sorprender al espectador. La idea de esta organización era que, al igual que ocurre con las capillas de las catedrales, las ermitas o los santuarios, las salas fuesen lugares de recogimiento e intimidad, de tal forma que así la atención pasa a los objetos, a los iconos en contacto directo con el visitante. Las dimensiones de estas salas oscilaban entre los 60 metros cuadrados y 90 metros cuadrados.

El Quijote tejía un leve hilo conductor a lo largo de todo el recorrido, a través de una cita que presentaba cada una de las estancias.

En El Ingenio, el visitante se adentraba en un laboratorio del Centro de Astrobiología (CAB), la institución española puntera mundialmente reconocida en el estudio del origen de la vida. Se recreaba el entorno de la zona minera de Río Tinto (Huelva), en la que se dan unas condiciones extremas para el desarrollo de la vida debido a la alta concentración de metales pesados. Una réplica del robot PTinto, desarrollado por el CAB para recoger muestras e información del yacimiento y manejado por control remoto, era la anfitriona encargada de dar la bienvenida a los visitantes del laboratorio. En este laboratorio, integrado además por cajas de aluminio y monolitos, se mostraban diversos objetos (fósiles, minerales...) que permitían entender el tipo de estudios que se están llevando a cabo desde el CAB y van confirmando la relación del origen de la Vida con la evolución del Universo.

El objetivo de Paraísos cultivados era ofrecer a los visitantes una imagen de nuestro país centrada en uno de nuestros sectores productivos tradicionales: la producción  agropecuaria, mediante la exhibición de nuestros principales productos y su conexión con centros de producción altamente cualificados y con la más moderna mercadotecnia. La cúpula mostraba un elemento escultórico muy potente realizado por Javier Mariscal, que representaba la diversidad de nuestra producción agropecuaria mediante esculturas que revelaban una serie de “criaturas del mar y de la huerta”, y que brotaban de la cúpula. El perímetro de la sala nos acercaba con más detalle a esa diversidad productiva, mediante una serie de fotografías artísticas de gran tamaño y una serie de mensajes, que ponían de manifiesto los datos más relevantes de nuestra producción agropecuaria, que conforma nuestra dieta mediterránea. Las fotografías se complementaban con seis producciones audiovisuales que permitían al visitante asomarse a sendos centros productivos. Se trataba de producciones audiovisuales que ofrecían una imagen vanguardista y moderna de nuestra producción agropecuaria y su distribución.

En el año de la celebración de su IV Centenario, el pabellón no podía dejar de rendir homenaje a Don Quijote como inspirador de las artes y los valores. Se trataba de una sala teatralizada, muy escenográfica en el que se ponía de manifiesto la importancia histórica del Quijote en el mundo y su influencia en las diversas artes: cine, pintura, literatura, música… El espacio central de esta sala albergaba una sobria pero llamativa instalación que la dividía en dos áreas expositivas. La primera, una gran instalación llena de libros que mostraban la variedad y gran número de ediciones del Quijote en distintos idiomas. Sobre el fondo de un gran sillón se ofrecían una serie de fragmentos de las películas más representativas: el Quijote de Orson Welles, de Rafael Gil y de Grigori Kozintsev. Además, unos atriles en los que se apoyaban ocho libros abiertos, permitían al visitante apreciar las principales ediciones ilustradas en distintas lenguas (japonés, español, inglés, chino y coreano) que podía seleccionar. La segunda zona estaba delimitada por una gran estantería de libros que organizaba la salida de la estancia. Una serie de visores permitían asomarse a obras maestras de la pintura (Picasso, Segrelles, Dalí, Goya), escultura (Plaza de España de Madrid), representaciones de óperas (Halffter) y dibujos animados; todo esto complementado con una serie de elementos audio que acercaban a los comentarios y reflexiones que en torno al Quijote han hecho grandes genios de la literatura –Dostoievski, T. Mann, Borges o Mark Twain- o a la inspiración que ha provocado en grandes genios de la música: el Maestro Rodrigo, Strauss, Falla o Halffter. La ambientación general de la sala se complementaba con grandes proyecciones de aspas de molinos y un murmullo de diferentes fragmentos del Quijote a distintos idiomas.

De la reflexión del Quijote se pasaba a los éxitos de otros héroes españoles, estos de carne y hueso, que con sus dotes y esfuerzo también expanden la fama de nuestro país por todo el orbe: nuestros deportistas. Héroes contemporáneos era un homenaje a los deportistas españoles de élite más seguidos y admirados en Japón. Este espacio se organizó en colaboración con las selecciones nacionales, federaciones y clubes de cada una de las principales disciplinas, y en él se exhibieron sus más valiosos trofeos y medallas. En el centro de la sala, y dentro de una malla, se exhibían las réplicas de seis de las copas internacionales ganadas por el Real Madrid, tres de las copas internacionales ganadas por el FC Barcelona, una reproducción a pequeña escala de la Copa Davis recientemente conquistada por España, la chaqueta verde que Severiano Ballesteros ganó en el Masters de Augusta de Golf en 1980, el maillot que Induráin enfundó en los JJ.00. de Atlanta 1996, las zapatillas con las que la gimnasta Patricia Moreno ganó la medalla de bronce en Atenas 2004 y las zapatillas con las que Fermín Cacho ganó el Campeonato de Europa de 3000 m en pista cubierta en 1996. La candidatura olímpica Madrid 2012 también contó con una presencia destacada para el apoyo internacional de su propuesta.

La última sala del recorrido, si el visitante decidía seguir el plano recomendado por el pabellón, era La fiesta. Se trataba de una despedida alegre y fresca, dedicada a nuestras celebraciones y tradiciones más populares, aquellas que alimentan la mayor parte de los tópicos por los que se identifica lo español en otras tierras, queríamos tratar el tópico desde otra mirada, la del esfuerzo, orgullo de pertenencia al grupo, valores que tienen las fiestas españolas.. Era un espacio de descanso, una especie de chill out en el que se proyectaba un audiovisual realizado por el cineasta español Basilio Martín Patino que daba una visión antropológica de las fiestas tradicionales de sanfermines, El Rocío, Els Castellers y la fiesta de celebración tras proclamarse Zaragoza sede de la expo de 2008.

Tras La fiesta, un pasillo despedía al visitante. Se trataba Locos por lo español, una despedida especial que reflejaba la pasión por lo español de muchos de los japoneses afincados en España. Así, los visitantes eran despedidos por Sotoo Etsuro, continuador de la obra de Gaudí y que vive en Barcelona; Ryo Matsumoto, un bailaor de flamenco afincado en Sevilla; Tokio Ujüe, un pintor enamorado de la “jota” que vive en un pueblecito del Pirineo de Huesca; Atsuhiro Shimoyama, un torero del país del “Sol Naciente”; y cuatro personas que llevan con orgullo el apellido Japón, entre ellos, Manuel Virginio Carvajal Japón.

Este pasillo, además de ser la salida natural, era el tránsito desde el pabellón hasta el bar de tapas y la tienda, que también se consideraron como elementos expositivos, que permitiesen transmitir de una forma más inmediata nuestra cultura gastronómica y el nivel de diseño y calidad de nuestros productos. Por lo tanto, su configuración espacial se correspondía con la de las estancias: espacios centrales abovedados interconectados que podrían recordar a otras tipologías tradicionales relacionadas con los mismos usos, como las bodegas, los refectorios, etc. A estas dos salas también se podía acceder desde el exterior, sin necesidad de entrar en el pabellón.

El bar de tapas ofrecía una amplia gama de esta tradición española ya que es un tipo de expresión gastronómica común para las dos culturas, en el que se combinan tradición y vanguardia, aprovechando la similitud entre las tapas y la comida japonesa. El bar de tapas estaba equipado con mesas pequeñas y taburetes para una degustación pausada. Los cocineros que representaban la gastronomía española en el pabellón eran: Pedro Subijana, del restaurante Akelarre; Juan María Arzak, del restaurante Arzak; Antonio Pérez, del restaurante Atrio; Santiago Santamaría, de Can Fabes; Ferrán Adriá, de El Bulli; Joan Roca, de El Celler de Can Roca; Manuel de la Osa, del restaurante las Rejas; Martín Berasategui; Andoni Luís Aduriz, del restaurante Mugaritz; Carme Ruscalleda, del Sant Pau; Hilario Albelaitz; del restaurante Zuberoa (todos galardonados con tres soles de la Guía Campsa); y Joseph Barahona, cocinero afincado en Japón, donde goza de un gran prestigio, y responsable del bar de tapas durante la expo. Cada uno de ellos elaboró dos tapas, cuyas fotografías, junto con las de su creador y la receta, decoraban este espacio.

La Tienda Loewe era un único espacio con un mostrador en el centro. Este espacio fue ideado por el diseñador de interiores Jorge Varela y el estudio de arquitectura japonés Higo Design; y en sus 40 metros cuadrados se mostraba una selecta colección de los best sellers de la firma. Durante los seis meses que duró la exposición, la Tienda Loewe vendió 15.594 artículos.

Pero además de la zona expositiva, en la entreplanta, el pabellón también disponía de un espacio multiusos para conferencias, reuniones y talleres con capacidad para 130 personas. Este espacio también se empleó para las recepciones ofrecidas por las delegaciones en el día de sus respectivas comunidades autónomas. También en la entreplanta, estaban situadas las oficinas administrativas, que ocupan la entreplanta del módulo de servicios, con acceso directo desde la fachada posterior del pabellón. Otra sala, gestionada por la Sociedad Estatal Expoagua, cerrada la público, fue utilizada por para la promoción de Expo de Zaragoza 2008. Este espacio, que acogía una detallada maqueta y excelentes paneles expositivos, fue ampliamente visitado por los comisarios y representantes de los países presentes en Aichi, así como por todas las personalidades que visitaron el pabellón, que alabaron de forma unánime el proyecto español.

Después de la Expo
El 25 de septiembre se clausuró Expo Aichi, y el pabellón fue uno de los más visitados. Alrededor de 3.850.000 personas pasaron por él y el 30 de junio, el día que más visitas recibió, casi 30.000 cruzaron sus puertas. Y ningún incidente se produjo durante estos seis meses. Pero además de por los contenidos también será recordado por su celosía, que causó furor entre los japoneses y cuyos hexágonos –algunos– fueron indultados (uno de los requisitos de la organización fue que los pabellones fueran destruidos al finalizar la expo).

Ya en el mes de julio, la SEEI y Médicos sin Fronteras llegaron a un acuerdo por el cual se subastaron 168 piezas de repuesto para mantenimiento de la fachada. La recaudación de esta subasta, celebrada el 10 de septiembre, se donó a la ONG y las piezas se compraron para su instalación en un proyecto de un nuevo restaurante Español en el barrio tokiota de Roppongi. Otras 411 piezas sobrantes se subastaron  a través de Internet y se liquidaron todas en 5 días. De las piezas que sí estaban colocadas en la fachada, alrededor de 1.200 piezas se cedieron a la ciudad de Yokohama, que hará con ellas un proyecto conmemorativo con motivo de la celebración del 150 aniversario de la ciudad que se celebrará en 2009. La Japan Association (organizadores de la expo) se quedó con 600 piezas con las que construirán un monumento conmemorativo de lo que fue el Pabellón de España en Expo Aichi 2005. El constructor japonés, Takenaka Corporation, adquirió 1.000 piezas, que se emplearán en un proyecto de la empresa Yoshizuka en la ciudad de Kiyosu, prefectura de Aichi, para su utilización en un proyecto de un nuevo centro de ocio. Las piezas restantes se demolieron tal y como estaba originalmente previsto.

Pero no sólo las piezas de cerámica fueron indultadas. La escultura de Javier Mariscal que presidía la sala Paraísos cultivados pasó a formar parte del Consulado Honorífico de España en Fukuoka. Y el Memorial Museum Expo adquirió una reproducción de El Quijote en japonés, y la lanza y la silla que presidían la sala que conmemoraba el IV Centenario de El Quijote.

Expo Aichi 2005