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pasivo en un agente activo de la cadena de valor
cultural.
Un ejemplo de este cambio de paradigma y
tendencias es el caso de Lezo II17. Con una recau-
dación que superó los 120 000 euros en Verkami,
la obra no solo demostró que un proyecto
independiente puede competir en presupuesto
con las grandes editoriales, sino que también
confirmó que el crowdfunding es una plataforma
de legitimación cultural masiva.
acabe con el control que el lector tiene sobre
el tiempo de la historia. Mientras que el papel
invita a detenerse en los detalles y la compo-
sición, el formato digital impone un ritmo de
consumo donde lo que importa es avanzar. Para
el autor, esto supone un dilema: si la obra se
vuelve demasiado compleja, corre el riesgo de ser
ignorada en un entorno de lectura rápida; pero si
se simplifica en exceso para facilitar el scroll, se
pierde esa capacidad de impacto y reflexión que
define a las grandes obras de autor.
4. Lectores: hábitos,
plataformas y comunidad
4.1. De la lectura inmersiva a la
«economía de la atención»
El paso del papel a la pantalla no es un simple
cambio de soporte, sino una mutación en la
arquitectura del pensamiento visual. En el álbum
tradicional, la doble página funciona como una
unidad de sentido donde el lector gestiona su
propio tiempo; en el entorno digital, esa autono-
mía se ve desplazada por el flujo ininterrumpido
del scroll vertical. Aunque Scott McCloud (2000)
celebró el «lienzo infinito»18 como una liberación
de los marcos físicos, la realidad del mercado
móvil ha impuesto una narrativa de consumo
fragmentado. Al adaptarse a los periodos de
atención intermitente propios del ritmo urbano,
el cómic digital prioriza actualmente un lenguaje
de impacto inmediato y viñetas optimizadas para
pantallas pequeñas.
El riesgo, como se deduce de las teorías de Will
Eisner (1985), es que la velocidad de la pantalla
4.2. Las redes sociales y el
«prosumidor»: nuevos
sistemas de legitimación
El sistema de prescripción cultural ha sufrido una
descentralización radical. Si históricamente la
legitimación de una obra dependía de la crítica
académica o los suplementos literarios, hoy la
visibilidad está supeditada a las dinámicas algo-
rítmicas de plataformas como Instagram, TikTok
(BookTok) y X.
En este nuevo ecosistema, el lector ha dejado
de ser un sujeto pasivo para convertirse en lo
que el teórico Henry Jenkins (2008) define como
un prosumidor19 dentro de la «cultura de la
convergencia». El lector actual no solo consume
el cómic, sino que participa activamente en su
difusión y expansión mediante la creación de fan
art, hilos de recomendación, reseñas en vídeo
o la participación en comunidades virtuales de
mecenazgo (crowdfunding). Esta participación
colectiva refuerza el carácter comunitario del
medio, pero también introduce nuevas lógicas
de mercado: la popularidad digital se convierte,
en ocasiones, en el principal criterio de selección
editorial, desplazando los valores estéticos tradi-
cionales por la capacidad de generar engagement
en las redes sociales.
Anuario AC/E de cultura digital 2026
17 https://www.verkami.com/
projects/39094-lezo-el-comic-ii
18 McCloud sostiene que, a diferencia del papel, el
entorno digital permite una superficie de dibujo
virtualmente ilimitada en cualquier dirección
(horizontal, vertical o en profundidad). Esto
libera al autor de la restricción de la página física,
permitiendo que la secuencia de viñetas fluya sin
interrupciones espaciales.
19 Para Jenkins, el prosumidor no es solo un consu-
midor que produce, sino un agente que reclama su
derecho a participar en la cultura.
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El cóMIC ANTE EL DESAfío DIGITAL: INDUSTRIA, CREACIón y LECTORES…
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NATALIA MARín NAVARRO

