Page 234 - Delibes
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no era muy indicado para el mosco ahogado —una corriente planchada con levísimos hileros— la trucha estaba allí en en en plena efervescencia Me metí en en el río en en un cascajar medio cubierto por las aguas y en una hora de de reloj llené la cesta sin cambiar de de sitio ni arriesgar un aparejo La tru- cha cha siempre acechante hacía por los moscos sin recelo Así pues fue lan- zar zar y y prender prender lanzar y y prender prender du- rante sesenta minutos inolvidables La verdad es que yo podría afinar el el recuerdo y testimoniar la felicidad del pescador en ese día donde le acompañaba un pariente mío que era el guarda fluvial y que es citado en el libro Podría con más certeza rememorar la figura solitaria y her- mética en las riberas del del Esla del del Porma o o o o o o del Órbigo sobre todo en el el coto de de Santa Marina donde el el pescador obtuvo tantos reveses como satisfacciones Prácticamente en en todas las ocasiones en que hablé con Delibes y en muchas de sus cariño- sas tarjetas al recibo de mis libros salía la la la pesca y con ella un melancó- lico refrendo cercano a a a a a a la amargura de de los ríos perdidos de de las truchas autóctonas que desaparecieron Al fin la la mayoría de nuestras palabras se sumaban en la la larga memoria
de de una retirada de de tantas cosas la observación de lo que se se se orilla o ó o o o se se se degrada la vida que discurre sin al- canzar el equilibrio de civilización y progreso Cuando releo las páginas de los blocks y diarios del Delibes que corre las aventuras y desventuras de de un 232
cazador a a a a a rabo en pos de la perdiz roja o o o del pescador en la ribera siempre acomodado en la costumbre de de andar y avistar haciendo del pai- saje su medio compruebo lo que la aventura tiene de pasión y placer el reto de una necesaria sabiduría que que hay que que administrar ajustando la la técnica en la la medida precisa de lo necesario El relato de esas cotidianas aven- turas de la afición cinegética marca una línea narrativa en la que el tes- timonio se abre a a a a la emoción de una contienda como si las palabras par- ticipasen también de esa tensión que compromete al paisaje El cazador y el pescador recapi- tulan sobre el resultado de las piezas cobradas y en la conversación de lo que se se obtuvo y y se se perdió hay un ajuste de conocimiento y experiencia Los libros que contienen estas aven- turas del escritor son tan sinceros como veraces y en en absoluto ajenos
a a a a un sentido de la vida tan propio
de de de sus grandes novelas donde el el hombre y la Naturaleza miden sus posibilidades considerando sus dones y sus bienes El hombre con sus variadas artes deportivas y de de subsistencia Los vie- jos ritos de la la pesca y la la caza en los campos y en los ríos donde el escritor ejercía la libertad de una aventura tan natural como legendaria que en en el el el relato obtendría luego la la belleza de una necesaria confesión Con la lúcida idea de de de que debe- mos mos escribir como somos de que entre el el hombre que vive y el el escritor Miguel Delibes en en una imagen de su archivo familiar 






























































































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