Page 179 - Revista de Occidente o la modenidad española
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                cubiertas marrones salieron los Ejercicios de Benjamín Jarnés, la Geografía de Max Aub (cuando todavía no era muy Aub y chapoteaba a tientas en esos charcos vanguardistas), Julepe de menta de Ernesto Giménez Caballero, artículos de Antonio Espina (Lo cómico contemporáneo), El Paraíso desdeñado de Mauricio Bacarisse, un libro de posteridad tan larga como el Manual de espumas de Gerardo Diego o Brocal, el de- but literario de Carmen Conde. Se anunciaron en las contracubiertas libros de Antonio Machado, Manuel de Falla, Pedro Salinas, Federico García Lorca o el propio Ortega que nunca salieron, pero sí llegaron a imprimirse muestras de la escritura de varios miem- bros de la generación intermedia, como poemas de Enrique Díez-Canedo, ensayos de Eugenio d’Ors, la lectura de Manuel Azaña sobre Pepita Jiménez de Juan Valera, una breve pieza teatral de José Moreno Villa, un peldaño más en la canonización definitiva que Ortega quiso para Ramón Gómez de la Serna (lo- cuazmente titulado Caprichos) o unas conferencias sobre arte de Margarita Nelken, junto a visitantes
tan principales como el mexicano Alfonso Reyes. Antes de la guerra, Vela sólo vería ya publicado El
futuro imperfecto (Madrid, PEN Collection, 1934) y ya en 1943, recién regresado de Tánger, entregó, bajo el seudónimo de «Héctor del Valle», sendas biogra- fías sobre Mozart y Talleyrand a la colección Vidas que dirigió Joaquín Arrarás (y donde Antonio Espina, compañero veinte años atrás de los primeros pasos de la Revista de Occidente, colocó sus pesquisas y con- clusiones sobre Cervantes): tanto para Mozart como para Talleyrand la referencia bibliográfica es idéntica: Madrid, Atlas, 1943, pero la del genio de Salzburgo se reeditaría en 1966 y 1985, ya con el nombre real de su autor, en la celebérrima y omnipresente colección El
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