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marginados en los debates globales sobre ética y
gobernanza de la IA (Brown et al., 2025)
El debate sobre los derechos de autor en este
contexto a menudo se enmarca como com-
pensación justa a los creadores. Pero es una
lucha sobre quién controla los términos bajo
los cuales la producción cultural del pasado
alimentará la producción cultural del futuro. Las
grandes plataformas buscan un modelo que les
permita entrenar libremente sobre cualquier
obra digitalizada. Es un cercamiento asimétrico:
socialización de los insumos, privatización de los
productos (Boyle, n. d.)
Las colecciones de las instituciones
culturales alimentan modelos generativos
que luego producen imitaciones
comercializadas globalmente, sin
compensación ni atribución.
Para las instituciones culturales esta dinámica es
particularmente problemática. Sus colecciones
(fotografías históricas, grabaciones de tradi-
ciones orales, textiles con patrones simbólicos)
alimentan modelos generativos que luego produ-
cen imitaciones comercializadas globalmente, sin
compensación ni atribución. Es la lógica extrac-
tiva colonial aplicada a la dimensión simbólica.
8. Soberanía como resistencia
Frente a esta concentración de poder, emer-
gen respuestas que disputan el determinismo
tecnológico. Desde comunidades indígenas
hasta Gobiernos de potencias medias, pasando
por redes de investigadores y movimientos de
cultura libre, se están articulando alternativas
que rechazan tanto la dependencia tecnológica
como la homogeneización cultural.
En Aotearoa Nueva Zelanda, los principios de
soberanía de datos indígenas (Ruckstuhl, n. d.)
reconocen que los pueblos maoríes tienen
derechos inherentes sobre sus conocimientos,
prácticas culturales y datos. El marco Te Mana
Raraunga19 establece que las comunidades
indígenas deben controlar cómo se recopilan,
almacenan y utilizan sus datos. No se trata solo
de consentimiento informado, sino de gober-
nanza: quién decide qué conocimiento se digita-
liza, quién se beneficia de su uso, y quién puede
vetar aplicaciones que violen valores culturales
(Carroll et al., 2021; Kukutai & Taylor, 2016)
En África, la iniciativa Masakhane20 (‘construya-
mos juntos’ en isiZulu) reúne a más de dos mil
investigadores trabajando en procesamiento
de lenguaje natural para lenguas africanas. A
diferencia de los proyectos corporativos que
tratan África como fuente de datos, Masakhane
construye modelos de código abierto desarrolla-
dos y gobernados desde el continente (Abbott &
Martinus, 2019).
Europa, por su parte, ha apostado por la regula-
ción como forma de soberanía digital. La Ley de
IA21, aprobada en 2024, establece obligaciones de
transparencia, evaluaciones de impacto y prohibi-
ciones sobre ciertos usos de alto riesgo. Aunque
su efectividad aún está por ver, representa un
intento de subordinar el desarrollo tecnológico a
valores democráticos y derechos fundamentales.
En paralelo, iniciativas como LAION22 trabajan en
conjuntos de datos de entrenamiento abiertos y
multilingües (Schuhmann et al., 2022).
En América Latina, diversas organizaciones se
centran en marcos de gobernanza de datos que
priorizan el interés público sobre la extracción
privada. Sus propuestas incluyen fideicomisos de
datos comunitarios, licencias de uso restrictivo
para datos culturalmente sensibles, y arquitectu-
ras que permiten el análisis federado sin centra-
lizar los datos en manos corporativas (Magalhães
& Couldry, 2020; Ricaurte, 2019).
19 https://www.temanararaunga.maori.nz/
20 https://www.masakhane.io/
21 https://eur-lex.europa.eu/legal-content/EN/
TXT/?uri=CELEX%3A32024R1689
22 Large-scale Artificial Intelligence Open Network.
https://laion.ai/
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