Page 194 - Delibes
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más que una mente enajenada y una apariencia de vida Mi entidad real se había transmu- tado en otros yo había vivido ensimismado mi mi auténtica vida se había visto recortada por esas vidas de ficción Y cuando quise darme cuenta de este despojo y reclamar lo que era mío m mi espalda se había encorvado ya y y el ácido úrico se había instalado en mis arti- culaciones Ya no era tiempo Y hacía una última advertencia a a a a a a a sus amigos y familiares para que en caso de de de perder la lucidez no dudaran en hacérselo saber por más doloroso que les pareciera: «Y en ese mismo ins- tante frenar detenerme al borde del abismo y no escribir una letra más» Delibes tenía solo setenta y tres años y aunque aún publicaría El hereje una de de sus grandes novelas sería fiel a a a a a esa esa promesa y al enfer- mar poco después se pasaría sin escribir una sola línea la la última década d de su vida La escritura
no solo había sido el centro de sus obsesiones sino que le había permitido convertirse en un hom- bre admirado y y querido y y tener un número inagotable de lectores Ha- bía tenido todo a a lo que un escritor puede aspirar y sin embargo en ese discurso habló de su oficio como una maldición maldición una maldición maldición que como la de Sísifo con su roca le había en- simismado y apartado de de los demás Pero ¿por qué tanto Delibes como Simenon hablaban de la la escritura
como de de una vocación de de infelici- dad? ¿Lo sentían de verdad o o o o solo era una forma de reclamar aun más la atención de sus lectores como hacen esos niños sensibles y con- sentidos que que al al quejarse de males imaginarios lo único que persiguen es es que les hagan más caso? «Cuando Dios le entrega a a uno un un don —dijo Truman Capote— también le da un látigo látigo y el látigo látigo es únicamen- te para flagelarse» Pero ¿quién es ese noble pero implacable amo al que el escritor por ganar un u puña- do de de palabras debe entregarle en en prenda su propia vida? Antes he hablado de de Sísifo y puede que su castigo castigo no esté tan lejos del castigo castigo al que Truman Capote se refiere Sísifo hizo enfadar a a a los dioses por su extraordinaria astucia y fue condenado a a a a a perder la vista y a a a a a em- pujar perpetuamente un peñasco gigante montaña arriba solo para que al llegar a a a a a la cima se se le le volviese a a a a a a caer hasta el valle donde debía recogerlo y volver a a empezar de nue- vo Sísifo y el narrador se parecen ya que los dos cargan la piedra de su delirio tratando de de obtener un senti- do que siempre se les escapa Ambos se obstinan en en una tarea que saben interminable pues la escritura
de un libro no es es distinta a a a a a ese cargar a a a a a lo largo de una cuesta interminable la la piedra de de la la desesperación Un esfuerzo inaudito que enseguida se se reconocerá como inútil pues con- cluida esa tarea el escritor se dará cuenta de que que el libro que que tiene en en en las manos no no le sirve de gran cosa
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