Page 164 - Azaña: Intelectual y estadista | eBook
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18 “Terminada esta carta, me pondré a traducir un libro alemán”, carta de M. Azaña a C. de Rivas Cherif, 4 de septiembre de 1927, en Azaña, Ma- nuel y Rivas Cherif, Cipriano de, Cartas 1917-1935 (inéditas), edición de Enrique Rivas, Valencia, Pre-Tex- tos, 1991, p. 70.
mendó la editorial Calpe, y tanto esta como las demás fueron, sin lugar a dudas, por encargo. Pero Azaña no dice que tradujera por su beneficio económico todos sus libros, sino “muchos otros libros”.
Por los datos obtenidos, deducimos que en sus comienzos le movió a este trabajo la importancia de las retribuciones y la prontitud con la que Calpe efectuaba los pagos. También podemos situar aquí la traducción de Ches- terton para Biblioteca Nueva. Un segundo bloque de traducciones, editadas por Jiménez Fraud y por la editorial España (Juan Negrín, Luis Araquistáin y Julio Álvarez del Vayo), según confiesa el propio Azaña en el primer caso, debieron responder a conversaciones y sugerencias de los editores, con al- guno de los cuales le unía una estrecha relación.
Se ha especulado mucho sobre el conocimiento de idiomas por parte de Azaña, sobre todo por lo que respecta a sus conocimientos del inglés, aun- que los datos que dejó escritos son bastante concluyentes. En octubre de 1909 presentó su solicitud para opositar a una plaza del Cuerpo Técnico de Letrados de la Dirección General de los Registros y del Notariado. En el impreso correspondiente, hace constar: “Que a los efectos del artículo 2.o del Reglamento de oposiciones, manifiesta que además del francés posee el idioma inglés”. En certificado expedido con posterioridad por dicha Direc- ción General, se hace constar que Manuel Azaña “aprobó el examen de inglés que solicitó voluntariamente, además del obligatorio de francés”. Por tanto, es claro que sabía inglés. La duda es conocer, a la vista de la elevada calidad de sus traducciones, hasta qué nivel dominaba ese idioma. Entre 1911 y 1912 permaneció durante cerca de un año en París, gracias a una pensión otorgada por la Junta para Ampliación de Estudios e Investigacio- nes Científicas. De esta etapa dejó constancia en unas notas, en las que describe así su relación con un inglés llamado Clayton y una parisiense llamada Julliette: “Clayton y Julliette, cuando necesitan hablar, se entien- den en inglés, yo me entiendo con Clayton en castellano; pero yo no hablo inglés, Clayton no sabe francés y Julliette ignora el castellano, de suerte que carecemos de un idioma común que nos permita intervenir a los tres en un mismo coloquio, sin apelar a continuas traducciones”. Así pues, conocía la lengua inglesa lo suficiente como para traducirla correctamente, pero no la hablaba. Hay que anotar al respecto que, según consta en sus escritos, al menos dos veces –en 1912 y 1914– intentó viajar a Gran Bretaña, una por sus medios y otra mediante una ayuda oficial para ampliación de estudios, que no se le concedió. En el impreso de solicitud de esta última, escribe: “El que suscribe [...] lee y traduce el idioma inglés”. También merece la pena incluir en este apartado el hecho de que en enero de 1915 asistía a clases de alemán y que en un momento determinado inició la traducción de un texto en esa lengua18.
Finalmente, en lo que respecta a sus traducciones dramáticas, que eran las más desconocidas, ya se ha mostrado la existencia de cuatro comedias, una
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