Page 256 - Azaña: Intelectual y estadista | eBook
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16 Azaña, Manuel, El jardín de los frai- les, en Obras completas, op. cit., vol. 2, pp. 655-716.
17 Azaña, Manuel, “Discurso del 27 de marzo de 1930”, en Obras completas, op. cit., vol. 3, p. 596.
varez. Su oposición a la dictadura de Primo de Rivera y al régimen monár- quico le situó para formar parte del Comité Revolucionario y protagonizar el nacimiento de la Segunda República. Por tanto, no fue durante los años treinta, en un ambiente de efervescencia creativa institucional y drama de enfrentamiento social, cuando esa concepción nacional azañista alcanzó a materializarse al máximo nivel, llegando a identificarse con el propio régi- men republicano.
“Tarde comencé a ser español”, hace decir Azaña a su alter ego protagonista de El jardín de los frailes16. Con la proclamación de la República, Azaña sintió que llegaba la gran oportunidad para la construcción no solo del nuevo régimen, sino, sobre todo, de la verdadera nación de los españoles. A ese empeño dedicó todo su talento y capacidad intelectual, en medio de tensiones y conflictos, y con frentes crecientes que atender en la gestión política diaria. No fue el ámbito principal de su trabajo, más centrado en atender la seguridad pública, la cuestión de Cataluña, la transformación militar o la reforma agraria; pero sí fue el telón de fondo que, junto con el debate constitucional, conformaron esencialmente el proceso de construc- ción nacional emprendido por la República.
Un elemento especialmente significativo y, a la postre, trascendente en ese proceso fue afrontar de forma directa la resolución del problema de ordena- miento del territorio y reconocimiento de identidades nacionales alternativas a la española. Aunque usualmente se restringe el ámbito de aplicación a la cuestión catalana, en realidad el modelo era mucho más amplio, sirviendo también para el fundamento de las administraciones vasca y gallega (y si la guerra no hubiera interrumpido el proceso, con intención de expandirse a otras regiones que así lo acordaran). Un problema arrastrado desde finales del siglo xix y que la República afrontó con valentía, superando no pocos obstá- culos, lo que no siempre fue garantía de éxito ni de acierto.
Dado que en este mismo volumen hay un capítulo dedicado específica- mente a analizar la generosa, ambivalente y finalmente frustrada defensa del autogobierno catalán por Azaña, no se ahondará aquí en esa faceta de tu acción política. Sí resulta necesario encastrar esa actuación en su inter- pretación de la España republicana, dado que es uno de los temas más determinantes –junto con el militar– en el proceso de construcción na- cional. Azaña partió de posicionamientos de enorme trascendencia: por una parte, identificó la monarquía con el despotismo, el caciquismo y la dictadura, mientras establecía un paralelismo alternativo identificando la república con la libertad, la equidad y la democracia; por otra parte, re- conocía un principio de autodeterminación de aplicación incondicional para Cataluña si así lo deseaba la ciudadanía17. Una vez proclamada la República –incluso en el mismo momento de hacerlo en Barcelona–, este segundo posicionamiento se matizó, promoviendo un autonomismo sin- gular que terminó con la aprobación del Estatut. Lo más importante para
Manuel Azaña: deconstrucción nacionalista y construcción nacional 255




























































































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