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El juego estructurado
en la infancia
El juego está presente en nuestras vidas desde
antes de tener uso de razón. Muchos autores y
autoras han estudiado el papel del juego en la
infancia desde diferentes perspectivas y coinci-
den al destacar entre sus conclusiones la impor-
tancia en el desarrollo evolutivo de bebés, niños
y niñas (Vygotski, 1967; Martínez González, 2019).
No en vano, el artículo 31 de la Convención sobre
los Derechos del Niño reconoce su derecho al
descanso, al juego y a las actividades recreativas,
además de participar en la vida artística y cultu-
ral (Asamblea General de las Naciones Unidas,
1989), aspecto este último del que el juego no
está exento y en el que todavía tiene mucho que
decir.
Frecuentemente, el estudio del juego en la infan-
cia se centra en el juego libre (Burdette & Whi-
taker, 2005), definido este como un tipo de juego
espontáneo en el que es el niño o la niña quien
decide cómo, qué y con quién va a jugar, además
de los materiales y el inicio y fin del juego.
A partir de los dos años aproximadamente, surge
el juego simbólico, cuando el niño o la niña
simula o utiliza objetos «como si» fueran otra
cosa. También surge el juego de construcción,
apilando bloques, y evoluciona progresivamente
hasta llegar a reproducir modelos complejos o
con un fin creativo.
En torno a los cinco o seis años, a principios de
la Educación Primaria, surge el juego de reglas
o estructurado (Marín, Penón y Martínez, 2008;
Noreña, Muñoz, Ezpeleta y Latorre González,
2020). En él, quienes juegan se someten de forma
voluntaria a unas reglas que marcarán su obje-
tivo, así como los materiales empleados, su inicio
y su final. Existe el juego estructurado solitario,
tanto en formato analógico como digital. Sin em-
bargo, habitualmente es una actividad social con
múltiples participantes: no en vano en Francia
los juegos de mesa son llamados jeux de société
(literalmente, «juegos de sociedad»).
Componentes de diversos juegos de mesa.
Fotografía: Julia Iriarte.
Juegos de mesa y
videojuegos en la infancia y
la adolescencia. Perspectiva
sociopsicológica y evolutiva
Durante la etapa académica «Infantil», la so-
ciedad entiende que el juego es estrictamente
necesario para el desarrollo adecuado de la
infancia (Ginsburg, 2007), tanto a nivel cognitivo
como socioafectivo. Entre los dos y los cuatro
años, niños y niñas comienzan a enfocar el juego
hacia otra persona, habitualmente el padre o la
madre, predominando el juego simbólico. Aquí
el juego forma parte esencial de su aprendizaje
(Marín, Penón y Martínez, 2008). Al ser nece-
sario, conveniente y deseable para el desarrollo
infantil, no suele verse sombra de limitación a
la hora de permitirse el juego y, de hecho, se
alienta e incentiva en todas sus facetas.
Entre los cinco y los ocho años, coincidiendo con
los primeros años de la Educación Primaria, niños
y niñas comienzan a desarrollar más juego en
grupo. Descubren la interrelación con sus iguales
con interés y cobra más sentido el juego reglado.
Son precisamente esas reglas las que permiten
ampliar el número de participantes en el juego,
al tiempo que evitan conflictos con respecto
a deseos individuales potencialmente contra-
puestos. Por ello, en este momento el juego de
mesa tiene más presencia y encaja más en sus
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