Page 68 - Anuario AC/E de cultura digital 2026
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Las newsletters no son nuevas; llevan décadas
de vida en este mundo. Tampoco vive ahora ese
concepto su época de mayor popularidad. Sin
embargo, este artículo se titula «La era de las
newsletters». Tiene, lógicamente, una explicación
que espero que sea razonable.
Newsletter es una palabra casi medieval que fue
fermentando en la primera mitad del siglo xx. La
traducción más sencilla es la de una «carta con
noticias» o «con novedades». En los millones
de libros en inglés que forman el repositorio de
la base de datos del Google Ngram Viewer (un
buscador de palabras en libros durante los últimos
ciento veinte años para ver cómo evolucionan
ideas), la palabra «newsletter» existe desde el si-
glo xix, pero empieza a crecer su uso en la década
de los cuarenta. Y explota a finales del siglo xx.
Después inició una lenta decadencia que solo se
frenó hará ahora más o menos una década. Desde
entonces, vive una aparente estabilidad.
nombre y el canal. Entonces era más publicidad,
vendehumo y descuentos. Era algo así como un
catálogo electrónico que se mandaba como una
botella al mar, por si alguien picaba y la abría.
Ahora puede seguir siéndolo en muchos casos,
pero la newsletter como concepto ha tomado un
significado nuevo.
El cambio fue en 2016
Gráfico de Google Ngram Viewer.
Anuario AC/E de cultura digital 2026
Esta cronología inicial me sirve para distinguir
y explicar por qué, a pesar de esta decadencia
reciente, es justo en estos años cuando hay que
hablar de newsletters. Las newsletters del siglo xx
eran sobre todo boletines comerciales de no-
vedades. Era algo que las empresas mandaban
a sus clientes para que estuvieran al tanto de
sus nuevos productos. A finales del siglo xx, el
email trajo su popularización extrema, que en
unos pocos años se convirtió en spam, y luego en
cansancio y casi desaparición como algo útil.
Esta es la prehistoria de las newsletters. La única
relación entre aquella época y la actual es el
Los cambios de tendencia no ocurren en un solo
año. Pero si tuviera que escoger un momento
concreto del cambio de concepto para las
newsletters, sería 2016. Es fácil. Ese año será en el
futuro uno de los momentos claves para enten-
der la primera mitad del xxi. Ganó Trump, ganó
el Brexit y las redes sociales pasaron a ser vistas
de otro modo. Fue el fin de la época ingenua,
feliz y revolucionaria de Silicon Valley. Esta nueva
época coincidió con la dominación algorítmica
del mundo: las redes ahora están programadas
para darnos primero lo que funciona y, en se-
gundo lugar, lo que nos interesa. Antes no era
tan distinto, pero el algoritmo éramos nosotros:
las cuentas que seguíamos nos interesaban
y nos daban cosas que creíamos que tenían
impacto para nosotros. Teníamos un poco más
de poder de decisión sobre nuestro consumo de
novedades.
Ahora las cuentas que seguimos en redes son
solo una señal más para el algoritmo, pero hay
muchas otras. El algoritmo sabe mejor que noso-
tros mismos en qué nos vamos a detener cuando
hacemos scroll, qué vídeo veremos entero o solo
la mitad, y en qué cuentas es más probable que
dejemos un comentario. Eso tiene un beneficio
inmediato para la plataforma: el algoritmo logra
que acabemos estando más tiempo en la red
y por tanto veamos más publicidad. Con este
cambio, y con los años, hemos ido perdiendo
algo que era importante para nuestra dieta de
información cotidiana (que no son solo noticias,
sino estrenos de películas, zapatillas nuevas o
mejores parques naturales del sur de Francia):
hoy vemos sobre todo vídeos muy divertidos,
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LA ERA DE LAS NEWSLETTERS
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JORDI PéREz COLOMé

















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