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El espacio latente13 de la máquina es el archivo al
que debemos mirar, pues es donde encontramos
la verdad subyacente al sistema, sus debilidades
y sus lógicas conectivas. Es ahí donde todavía
podemos atacar como individuos críticos y
actores de un cambio positivizado y aprehensivo
como el pasado de nuestra humanidad.
Manifesto Terricola. Imagen de oreja de colágeno
con 16 moléculas de ADN que incluyen el
texto del manifiesto. SLStudio, 2023.
Hablamos mucho de la creación de conciencia
para la máquina, pero ¿cuál es el porcentaje de
individuos conscientes en el mundo, incluyendo
a aquellos empoderados para dotar a estas
máquinas de esa chispa mágica?
Ser consciente no es humano, es ser cósmico y el
cosmos se establece y se manifiesta en la natu-
raleza, y sentir esa magia y ese hilo invisible no
puede pasar molecularmente por el espacio de la
pantalla, dado que son materialidades diferentes.
Con esto no digo que no podamos adquirir una
nueva consciencia con otras lógicas impuestas
por un nuevo medio.
13 Podemos decir que el espacio latente en inteligen-
cia artificial son los pasos o nodos que la máquina
usa para llegar a un fin. Es un lugar donde hay un
archivo carente de objetos y una memoria sin re-
cuerdos, dado que nada está todavía formalizado.
Definición del autor según experiencia propia con
la herramienta.
Debemos empezar a pensar en repositorios que
dialoguen con este cosmos y debemos hacerlo
urgentemente, pues la máquina necesita de
energía y, a día de hoy, esa energía surge de
procesos naturales.
Y, si nuestra intuición es hacer a la máquina
independiente energéticamente, es mejor que
lo pensemos dos veces antes de darle al botón
verde.
Llevamos copiando y subyugando a la naturaleza
desde que tenemos «consciencia» de la misma,
sin creditarla, sin respetarla y sin ofrecerle nada a
cambio. No existe hijo más malcriado ni desagra-
decido sobre la faz de la tierra. Lo curioso es que
no replicamos los verdaderos procesos lógicos
de la naturaleza. Copiamos el modo en el que las
aves vuelan, las hormigas construyen, los peces
navegan, las plantas respiran, y nos comemos el
planeta a bocados, pero cuando se trata de pen-
sar en procesos profundos de comportamiento,
respeto y preservación, miramos para otro lugar
pensando que de esto sí sabemos más que ella
(la naturaleza).
Nuestra metáfora de las nuevas
construcciones archivísticas e inteligentes
pasa por la réplica de sistemas neuronales.
Revisar los procesos de almacenamiento de la
naturaleza puede ser una gran estrategia estruc-
tural para entender el futuro de nuestro catálogo
de vida y experiencia, y creo que no nos va a
quedar más remedio que hacerlo. De hecho, es-
tamos ya en el proceso. Nuestra metáfora de las
nuevas construcciones archivísticas e inteligentes
pasa por la réplica de sistemas neuronales. Esta-
mos obsesionados con la idea de crear un nuevo
cerebro artificial y yo me pregunto: ¿por qué no
nos quedamos mejor con la metáfora de una red
micélica? Exógena al cuerpo humano, desprovista
de individualismos y entidades independientes y,
sobre todo y más importante, hiperdependiente
del resto del ecosistema y consciente de ello.
Una red que vive, literalmente, en conexión con
esta otra red y que amplifica mutuamente las
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