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mundo y nos pondrá esa, concreta y única, en
contexto con todas las demás y con nosotros
mismos, inventando y alimentando una memoria
de cosas que jamás hemos realmente «vivido»
por nosotros mismos, como individuos que
aplicamos un conocimiento aprehendido ances-
tralmente para enfrentarnos a nuestro mundo.11
Cápside. Instalación de almacenamiento de
memoria biotecnológica en la Amazonía.
Proyecto sobre la preservación de archivos
en entornos naturales. 2024. SLStudio.
Olvidar lo ancestral es directamente olvidar las
sensaciones. La experiencia subjetiva del mundo
es lo que nos configura como sujetos sensibles
y capaces de identificar esta experiencia como
un aprendizaje, aplicable a la innovación y a la
respuesta simpática de y con nuestro entorno,
incluyendo a los demás. Desconectarnos de lo
ancestral es hacerlo de lo natural y simbiótico.
No manifiesto con esto una negativa, sino una
alerta, muy roja, sobre la definición de nuestra
especie y nuestra civilización.
11 En 2024 realicé el proyecto Capside para la
defensa del ADN ambiental como repositorio
orgánico y objetivo de biodiversidad. ADN filtrado
de 6096 especies vive en esferas de resina natural
en la Comunidad Casilla Naira de Leticia, Colom-
bia. Ejemplo de convivencia entre naturaleza y
bioinformática (SLStudio).
No olvidemos que compartimos este ecosistema
que llamamos Tierra (o Gaia, para Bruno Latour)
con otras civilizaciones a otros niveles cognitivos,
y que si queremos seguir llamándonos humanos,
deberíamos prestarles atención.
Otra opción es la de aceptar nuestra propia evo-
lución y re-establecer las bases fundacionales de
un nuevo statu quo humano-máquina-naturaleza.
La tecné empieza a pertenecerle a la
máquina y a la visión artificial, un tercer
ojo que todo lo ha visto y que te deja por
estúpido a cada palabra e instrucción.
En este proceso disruptivo del olvido sistemá-
tico del pasado cultural (según la Unesco, se
estima que perdemos una lengua antigua cada
dos semanas), que se antoja como uno de los
grandes fracasos de la cultura contemporánea,
estamos también perdiendo lo que en la Grecia
antigua denominábamos como la «tecné», esa
capacidad del saber hacer las cosas que ha
construido gran parte de nuestras sociedades y
nuestras culturas.
La tecné empieza a pertenecerle a la máquina y
a la visión artificial, un tercer ojo que todo lo ha
visto y que te deja por estúpido a cada palabra e
instrucción, pero que simboliza, por primera vez
en la historia de la humanidad, un lugar común
de conocimiento, con un gran sesgo geopolítico,
que no deja de sorprendernos por su inmensa
magnitud.
Siempre hemos pensado que nuestros dioses
eran capaces de solventarlo todo, calmarnos y
darnos lo que necesitamos en cada momento.
Hola, IA.
Esta tecné mencionada ha expandido su nomen-
clatura y sus recursos hacia la tecnología, ahora
sí autodefinida de manera acertada, pues en ella
ya sí estamos acumulando las logias de nuestra
civilización y ¿habrá algo no tocado de manera
directa o indirecta por este dios?
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