Page 151 - Anuario AC/E de cultura digital 2026
P. 151
expectativas. El funcionamiento se parece al de
las series de televisión: no se espera cualquier
cosa, sino algo reconocible dentro de un camino
ya trazado. Esa previsibilidad sostiene el interés,
pero también lo condiciona.
Aquí aparece la tentación: dejarse llevar por
la fórmula que ya ha demostrado su eficacia.
El problema es que toda fórmula se agota. Lo
que primero produce reconocimiento acaba
generando inercia. El relato no desaparece, pero
pierde tensión y vitalidad. Sigue ahí, reconocible,
pero detenido.
Lo que importa ya no es lo que ocurre, sino
cómo ocurre. En ese proceso, el creador
deja de ser solo alguien que publica vídeos y
empieza a ser percibido como un personaje.
Este modo de recepción no es universal. Parte
del público consume los contenidos de forma
episódica, sin memoria ni continuidad, guiada
únicamente por el flujo algorítmico. Es en ese
consumo disperso donde aparece con más
frecuencia el rechazo hostil (el denominado,
coloquialmente, hate): comentarios puntuales,
descontextualizados y agresivos que buscan
provocar una reacción inmediata. Su efecto, sin
embargo, es limitado y fácilmente neutralizable
dentro del propio sistema, mediante restriccio-
nes o bloqueos.
La hostilidad descontextualizada en redes como parte
del ecosistema narrativo. Fotografía de Shamia Casiano.
Lo decisivo ocurre en otro lugar: en el núcleo
de seguidores que recuerdan, comparan, espe-
ran y difunden el contenido. Son ellos quienes
convierten la repetición en relato y quienes, al
mismo tiempo, fijan sus límites. El creador ya no
responde a una pieza aislada, sino a un conjunto
de expectativas acumuladas.
El relato, así, existe sin haber sido diseñado.
Funciona sin estar escrito. Y precisamente por
eso es inestable. Necesita continuidad para no
desaparecer, pero variación para no agotarse.
No puede detenerse, pero tampoco repetirse sin
consecuencias.
No estamos ante una narración cerrada, sino
ante un equilibrio precario: un relato que solo se
mantiene vivo mientras avanza sin llegar nunca a
cerrarse.
4. El personaje como
centro narrativo y
desplazamiento autoral
Cuando el relato fragmentado se estabiliza y
empieza a generar expectativas, aparece casi de
forma inevitable una figura reconocible. No surge
por decisión previa ni por diseño consciente,
sino como efecto acumulativo. El relato necesita
un centro, y ese centro toma la forma de un
personaje.
Como ocurre en narrativos clásicos —cine o
literatura—, el personaje no coincide con la
persona empírica del creador. Pero, en este
contexto, rara vez se diseña de antemano.
Surge por sedimentación. A fuerza de repetir
gestos, tonos, obsesiones o modos de reac-
ción, se configura una presencia reconocible.
A veces incluso sorprende a quien la encarna
y adquiere un grado de autonomía, hasta el
punto de imponer su propia lógica. El público
no necesita una definición explícita: aprende
a reconocerla por repetición. Reconoce cómo
habla, qué le irrita, qué le resulta cómico,
cómo fracasa o qué cosas le entusiasman. En
Anuario AC/E de cultura digital 2026
ANUARIO AC/E DE CULTURA DIGITAL 2026
151

