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Anuario AC/E de cultura digital 2026
ese reconocimiento se sostiene la continuidad
del relato.
La función principal del personaje es mediadora.
Permite traducir experiencias dispersas en una
lógica narrativa coherente y, al mismo tiempo,
introduce una distancia respecto a la persona
real. Lo que se dice ya no se atribuye direc-
tamente a la persona real, sino a una figura que
opera con reglas propias. La separación no es
total, pero sí suficiente para generar un margen
de ambigüedad: el personaje puede decir cosas
que el autor quizá no diría —o no del mismo
modo— fuera de ese marco.
Cuando el relato fragmentado se estabiliza y
empieza a generar expectativas, aparece casi
de forma inevitable una figura reconocible.
Ahora bien, a esta distancia —efectiva para
quien produce el contenido— se suma un efecto
característico del entorno digital: la dificultad,
cuando no imposibilidad, de distinguir entre
ficción, exageración performativa y experiencia
vivida. En ausencia de un pacto ficcional explí-
cito, una parte significativa del público consume
los contenidos desde un régimen de veracidad
por defecto. La continuidad de la exposición,
el acceso reiterado a la aparente intimidad del
autor y el registro cotidiano refuerzan esta
lectura, de modo que incluso ficciones evidentes
pueden interpretarse como relatos reales. No se
trata tanto de credulidad ingenua. Se trata, más
bien, de una forma de recepción inducida por
la inmediatez del medio. El género que mejor
se adapta a esta lógica —y, por ello, uno de los
más exitosos— es la autoficción, en la que puede
inscribirse buena parte del contenido ficcional en
Instagram y TikTok.
Esta ambigüedad resulta productiva, pero intro-
duce un desplazamiento relevante. A medida
que el personaje se consolida, la expectativa
del público empieza a organizarse en torno a su
presencia más que en torno a una obra concreta.
Lo que se sigue ya no es un proyecto creativo
delimitado, sino una forma de estar en el mundo.
El relato se encarna en una figura reconocible, no
en un objeto cultural cerrado.
Este desplazamiento no afecta a todos por igual.
Quienes cuentan con legitimidad cultural conso-
lidada o con una trayectoria previa fuera de las
redes suelen utilizar estas plataformas como re-
fuerzo accesorio. El personaje digital no sustituye
a la obra ni redefine la identidad pública; actúa
como prolongación comunicativa. La centralidad
simbólica permanece fuera del entorno digital.
Cuando ese anclaje externo es débil o no existe,
el eje del reconocimiento puede desplazarse por
completo hacia el personaje digital. En ese caso,
el personaje se convierte en el principal vector
de visibilidad. El autor no deja de ser escritor, ar-
tista o actor, pero pasa a ser percibido ante todo
como creador de contenido. No porque haya
abandonado su práctica original, sino porque el
espacio en el que se vuelve visible ya no es el
de la obra, sino el del personaje sostenido en la
plataforma.
La figura del escritor ante el reto de la brevedad y
la dispersión digital. Fotografía de KoolShoters.
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NARRAR EN EL fLUJO: PLATAfORMAS, PERSONAJES y MEDIACIón ALGORíTMICA ·
JUAN APARICIO bELMONTE

