Page 150 - Anuario AC/E de cultura digital 2026
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Anuario AC/E de cultura digital 2026
Captar la atención deja de ser una estrategia
entre otras y se convierte en una condición de
supervivencia para el creador. El contenido debe
activarse de inmediato: el planteamiento no solo
abre el relato, también funciona como gancho
del espectador. No hay margen para preámbulos
largos, contextualizaciones extensas ni desa-
rrollos progresivos. Lo que no se entiende a la
primera queda fuera del flujo o desaparece.
Esta exigencia tiende a simplificar las estructuras
narrativas y reducir la ambigüedad. La comple-
jidad no desaparece, pero se desplaza. Ya no
reside principalmente en cada pieza individual,
sino en la repetición. El sentido no se produce
solo en un vídeo corto, sino en la persistencia:
en la reiteración de gestos, tonos, situaciones y
variaciones mínimas a lo largo del tiempo.
Dentro de este sistema destacan dos formatos
con funciones distintas. El reel funciona como
unidad de impacto y expansión: está pensado
para atraer, gustar y circular más allá del círculo
habitual de seguidores. La story, en cambio,
cumple una función fundamentalmente rela-
cional. No busca captar nuevos públicos, sino
mantener el vínculo con los ya existentes. Opera
como comentario, aclaración, apunte lateral o
metarrelato del reel.
Lo relevante no es cada formato por separado,
sino su articulación. Cuando ambos se integran
en una práctica sostenida, aparece una lógica na-
rrativa reconocible: el sentido ya no reside solo
en la pieza aislada, sino que también depende de
su posición dentro de una secuencia.
Las plataformas de brevedad no producen obras
en sentido clásico, pero sí generan estructuras
narrativas funcionales, basadas en la repetición y
en la continuidad. Comprender este sistema no
implica celebrarlo ni condenarlo, sino describirlo
con precisión para entender qué tipo de relatos
hace posibles —y cuáles deja fuera—.
3. Del fragmento al conjunto:
cuando el relato aparece
(y empieza el problema)
En un primer momento, los contenidos publica-
dos en Instagram o TikTok se consumen como
piezas independientes. Cada vídeo responde a
una ocurrencia puntual, a una escena aislada o
a una intuición momentánea. No hay proyecto
narrativo ni voluntad explícita de continuidad. El
objetivo es inmediato y limitado: captar aten-
ción, provocar reacción, circular.
Imagen: Juan Aparicio.
Cuando esta práctica se repite en el tiempo, el
efecto cambia. El conjunto deja de percibirse
como una simple suma de vídeos sueltos y sur-
gen regularidades: tonos que se repiten, gestos
reconocibles, situaciones similares. El espectador
detecta patrones. Y donde hay patrón, aparece
un relato elemental.
Ese relato no se organiza como una historia
clásica ni avanza hacia un desenlace. No pro-
gresa: se acumula. Cada nueva pieza no hace
avanzar nada, pero confirma una lógica previa.
Lo que importa ya no es lo que ocurre, sino
cómo ocurre. En ese proceso, el creador deja
de ser solo alguien que publica vídeos y empieza
a ser percibido como un personaje.
A partir de ahí, la recepción cambia. Cada nuevo
contenido se interpreta a la luz de los anteriores.
El presente se carga de pasado. Se generan
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NARRAR EN EL fLUJO: PLATAfORMAS, PERSONAJES y MEDIACIón ALGORíTMICA ·
JUAN APARICIO bELMONTE

