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como feminista y cite abiertamente a otras en
sus artículos. La ficción de objetividad, que no
es otra cosa que la ficción de distanciamiento
emocional que construimos respecto a nuestro
trabajo, sigue calando en el imaginario laboral de
quienes nos dedicamos a la cultura.
Ocupar un lugar implica responsabilidad en nues-
tras prácticas (…) La racionalidad es sencillamente
imposible, una ilusión óptica proyectada de manera
comprensiva desde ninguna parte (…) ¿Cómo ver?
¿Desde dónde ver? ¿Qué limita la visión? ¿Para qué
mirar? (…) ¿Quién logra tener más de un punto de
vista? ¿A quién se ciega? ¿Quién se tapa los ojos?
¿Quién interpreta el campo visual?3
Estas son algunas de las preguntas que Donna
Haraway, bióloga y filósofa, se hace en Ciencia,
cyborgs y mujeres. La creación de la naturaleza,
publicado en 1995. Con ellas, al mismo tiempo
que nos sitúa delante de un espejo, también nos
coge la mano para enseñarnos la posibilidad de
un camino nuevo: el conocimiento siempre se
sitúa en alguna parte, dentro de algún marco,
atendiendo a diferentes intereses. Negarlo
no nos acerca más a esa cosa escurridiza que
es la verdad, solo estrecha nuestra capacidad
de analizar ese marco en toda su amplitud y
complejidad.
El conocimiento siempre se sitúa en alguna
parte, dentro de algún marco, atendiendo a
diferentes intereses.
Cuando la mayor parte de las disciplinas vincula-
das a las humanidades y las ciencias sociales se
fundaron, entre los siglos xviii y xix, tomaron de
la ciencia una metodología que hicieron propia
sin revisar antes, parece ser, si tenía sentido tras-
ladarla en toda su amplitud o, por el contrario, si
era preciso implementar algunos matices. En La
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fantasía de la individualidad, una de las muchas
tareas que la arqueóloga Almudena Hernando
emprende es la de profundizar y explicar por
qué un enfoque positivista basado en el método
de las ciencias puras no es un marco de pensa-
miento que nos beneficie si trabajamos fuera
de esas áreas, a veces tampoco si lo hacemos
dentro de ellas:
Entender el universo desde el punto de vista de
su complejidad constituye un ejercicio en muchos
sentidos opuesto al de la ciencia positiva. Esta
se caracteriza por analizar elementos discretos
y separados, detallando sus rasgos y caracterís-
ticas, clasificando, computando y midiendo sus
componentes. Sin embargo, desde hace tiempo y
en número creciente, investigadores de todas las
disciplinas (incluida la física) consideran un error
aplicar este enfoque al estudio de cualquier diná-
mica, argumentando que la forma o las caracterís-
ticas que adopta cada uno de los elementos de un
sistema es el resultado de su interacción compleja
con los demás (…) Para entender los procesos de
los que esos elementos participan, deben anularse
las disociaciones con las que opera la ciencia
positiva, que referidas a los fenómenos humanos
son, por ejemplo, del tipo sujeto-objeto, socie-
dad-persona, cultura-naturaleza, cuerpo-mente,
dominador-dominado.4
A pesar de su inadecuación para analizar correc-
tamente la interrelación entre las partes con la
intención de entender mejor su funcionamiento,
tanto general como aislado, este enfoque po-
sitivista es el que se ha visto mayoritariamente
privilegiado dentro de los entornos académicos.
En ellos, el campo de saber correspondiente
tiende a ser meticulosamente fragmentado a
través de currículos educativos integrados por
asignaturas aisladas cuyo profesorado, altamente
especializado, se demuestra ciego en otras
materias que no sean la propia. Esto no debería
ser un problema si el componente básico del
3 Donna Haraway, «Conocimientos situados: La
cuestión científica en el feminismo y el privilegio
de la perspectiva parcial», en Ciencia, cyborgs y
mujeres. La creación de la naturaleza, Cátedra, 1995,
pp. 17-18.
4 Almudena Hernando, La fantasía de la individuali-
dad: Sobre la construcción sociohistórica del sujeto
moderno, Traficantes de Sueños, 2012, p. 28.
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El MARCO fRAGMENTADO: USOS y DESUSOS DEL CONTExTO EN LA DIVULGACIón…
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EUGENIA TENENbAUM

