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Donna Haraway no solo es la referencia más cer-
cana con la que cuento en este momento para
formular qué es y qué supone el conocimiento
situado, también me sirve como referencia para
expresar la necesidad de alejarnos de lo que ella
llama «testigo modesto». En 2004, en Testigo
modesto. Segundo milenio, muy en sintonía con
lo formulado por Almudena Hernando, Haraway
dice:
Fragmento 4: expansión
La auto-invisibilidad es la forma específicamente
moderna, europea, masculina y científica de la
virtud de la modestia. Esta es la forma de modestia
que recompensa a sus practicantes con la moneda
del poder social y epistemológico. Este tipo de
modestia es una de las virtudes fundadoras de lo
que llamamos modernidad. Esta es la virtud que
garantiza que el testigo modesto sea el ventrílocuo
legítimo y autorizado del mundo de los objetos, sin
añadir nada de sus meras opiniones, de su corpo-
reidad espacial. De esta manera, recibe el extraor-
dinario poder de establecer los hechos. Es objetivo,
garantiza la claridad y la pureza de los objetos.5
Desde su análisis no exento de ironía, Haraway
se acerca a la neutralidad como espejismo,
contribuyendo a su desestructuración como
lugar de pensamiento y también de trabajo.
Haber comprado el marco de la neutralidad
como posibilidad nos ha llevado al lugar en el
que estamos: consideramos lo reaccionario como
neutro, nuestra profesión como objetiva, cree-
mos que se puede vivir al margen de lo político.
Mientras tanto, el mundo cambia y nosotras
cambiamos con él. Lo interesante de los cambios
es que, si bien no siempre tenemos agencia sobre
su desarrollo, sí tenemos capacidad de decisión
respecto a nuestra forma de relacionarnos con
ellos.
Anuario AC/E de cultura digital 2026
A lo largo de los años noventa, la aparición de
internet como un espacio cada vez más accesible
para quienes habitamos el Norte Global supuso
la apertura de posibilidades en la comunicación
y la obtención de conocimiento como nunca
antes la humanidad había visto. En la primera
década de los 2000, esto se tradujo en una
nueva órbita de realidad de la que cada vez más
gente participaba ya no solo en formato escrito,
también en formato audiovisual. El surgimiento y
perfeccionamiento de las primeras redes sociales
revolucionaron la forma en que las personas se
relacionaban entre sí, también la manera en que
se presentaban al resto. Quienes no somos nati-
vas digitales, pero sí tuvimos acceso a este nuevo
mundo virtual a lo largo de nuestra adolescencia
o en los primeros años de la edad adulta, encon-
tramos en él una variedad sin precedentes de
referentes musicales, literarios, cinematográficos
y culturales. Noelia Ramírez, en Nadie me espe-
raba aquí: Apuntes sobre desclasamiento, sintetiza
muy bien la revolución que supuso esto:
Cuando has crecido sin vinilos de los Beatles pero
con casetes de gasolinera, cuando en tu casa el
hueco de la librería del comedor solo se llenaba
con enciclopedias, la llegada de un internet libre de
muros de pago podía salvar tu asimilación cultural.
Conectaba el rúter y sus pitidos molestos daban vía
libre a las referencias de las que hablaban en el bar
de la facultad. Fue una de las épocas más electri-
zantes para mi cerebro: la era un campo lleno de
posibilidades, todo cabía en mi ordenador.6
Para quienes tenían intereses específicos, inter-
net también supuso la aparición de plataformas
en las que poder explorarlos tanto a nivel pasivo
(consumiendo la información) como a nivel
activo (generándola). Por primera vez, siempre
y cuando la economía permitiera comprar un
ordenador y pagar su conexión, las personas po-
dían acceder gratuitamente y desde casa a una
5 Donna Haraway, Testigo modesto. Segundo milenio,
University of California, 2004, p. 14.
6 Noelia Ramírez, Nadie me esperaba aquí: Apuntes
sobre desclasamiento, Debate, 2025, p. 24.
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El MARCO fRAGMENTADO: USOS y DESUSOS DEL CONTExTO EN LA DIVULGACIón…
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EUGENIA TENENbAUM

