Page 131 - I estoria-ta: Guam, las MarianasI estoria-ta: Guam, las MarianasI estoria-ta: Guam, las Marianas y la cultura chamorra
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Justo después de la guerra, el educador Pedro Sán- chez explica que, aunque los chamorros estaban «im- pactados por la total destrucción de sus comunidades» y se lamentaban de haber perdido sus tierras, también se sentían «agradecidos por estar vivos y ser libres bajo la bandera estadounidense» (Sánchez, 1988: 254). Des- de entonces, Spam ha sido un poderoso recordatorio de la liberación de las brutalidades físicas y psicológi- cas de la guerra, así como un signo cotidiano de la he- roicidad y la generosidad estadounidenses. Funciona como una metáfora de la magnanimidad y el valor de Estados Unidos, aunque fuera a expensas de las tierras y los cuerpos de los chamorros.
La temática de la gratitud chamorra hacia Estados Unidos, materializada en parte en las latas conmemo- rativas y los anuncios de Spam, se ha convertido en un potente estandarte ideológico gracias al cual es posible comprender el resto de la historia de Guam. En su influ- yente ensayo, Psyche under siege: Uncle Sam, look what you’ve done to us («Psique bajo asedio: Tío Sam, mira lo que nos has hecho»), la académica chamorra Laura Torres Souder explica: «Las bondades de la ‘liberación’ fueron bien recibidas. Los supervivientes chamorros de la Segunda Guerra Mundial acogieron con los brazos abier- tos todo lo que fuera estadounidense, con abrumadora gratitud y un profundo respeto. El Tío Sam y sus hombres fueron venerados como héroes» (Souder, 1994: 193). Sin embargo, aunque «el Tío Sam suele considerarse un gran benefactor, un Santa Claus de barba blanca e incompara- ble generosidad», Souder recoge también que «quienes hemos pagado el precio de esta costosa relación con el Tío Sam sabemos lo que hay... Para nosotros, la guerra no ha acabado» (Ibíd., 1994: 195).
Despojados de sus tierras de cultivo y expulsados de sus aldeas para abrir paso a la llegada del ejército estadou- nidense, los chamorros se vieron obligados a sobrevivir en nuevas y deplorables condiciones. La falta de acceso a las tierras agrícolas fue uno de los principales cambios. Hacia 1950, solo un 23 % de la población antes agrícola vi- vía ya de ello y de la pesca como ocupaciones principales. En 1960, el porcentaje se había reducido aún más, hasta un 8,8 % (Santos-Bamba y Hattori, 2020: 292), y en la ac- tualidad Guam importa casi el 90 % de los alimentos que consume (Natividad y Kirk, 2010: 3). Esta hiperdependen- cia de los alimentos importados, sobre todo procesados, se ha traducido directamente en un incremento notable de enfermedades no transmisibles, como diabetes y afec- ciones cardiovasculares. Un ilustrativo dato estadístico revela que, aunque solo el 3 % de las muertes en Guam entre 1910 y 1940 se atribuían a diabetes, infartos o acci- dentes cerebrovasculares, en el año 2000 este porcentaje
había ascendido a un 33 % (Haddock, 2010: 214-219). La diabetes se ha convertido en la cuarta principal causa de muerte en Guam. Del mismo modo, Rapadas (2007: 35) argumenta que «los indígenas chamorros tienen las tasas más elevadas de diabetes, obesidad, hipertensión y cán- cer de Guam con respecto a otros grupos étnicos». Los chamorros también constituyen el principal segmento de población sin hogar de Guam, tal y como demuestran los registros censales anuales entre 2015 y 2018 (GHC, 2018: 8). Antes de la Segunda Guerra Mundial, la carencia de hogar, la falta de acceso a las tierras y la malnutrición no eran problemas en Guam. De hecho, estos llegaron pisando fuerte, aunque se habla poco de ellos, con la liberación a manos de Estados Unidos.
Para sobrevivir en este nuevo mundo, muchos cha- morros, ahora sin tierras, se vieron obligados a incor- porarse a la economía monetaria, aunque sin la educa- ción o formación profesional necesarias. No obstante, sobraba el empleo debido a los masivos proyectos de construcción destinados a alojar a los miles de milita- res estadounidenses ahora desplegados en la isla, de ahí que la Marina estadounidense comenzara a impor- tar miles de trabajadores de Filipinas para satisfacer la ingente demanda de mano de obra. Este nuevo influjo de migrantes extranjeros añadiría una dimensión más al proceso de marginación de los nativos de Guam. Si bien los chamorros indígenas constituían un 90 % de la población de la isla antes de la Segunda Guerra Mundial, este porcentaje fue decayendo en las décadas posteriores, hasta alcanzar solo un 37 % de chamorros en el censo de 2010 sobre el total de la población de la isla: 59 381 nativos de un total de 159 358 habitantes (US Census Bureau, 2012: 24).
La falta de acceso a las tierras y los cultivos, y el ate- rrizaje forzoso en el mercado de la mano de obra eran solo una parte del problema. A tenor de las políticas estadounidenses de la era de la segregación, los nativos de Guam cobraban solo un 25 % del sueldo que perci- bían los blancos por los mismos puestos. Sharleen San- tos-Bamba, académica lingüista, analiza en su investiga- ción la fluidez en lengua chamorra: «la mejor vía para salir de la pobreza extrema era obtener un trabajo con un mejor sueldo, pero para esos puestos hacía falta ha- blar inglés con fluidez» (Santos-Bamba y Hattori, 2020: 292). Explica también que, desde las generaciones de posguerra, «el inglés se impuso como única lengua ofi- cial en Guam, lo cual devaluó la lengua materna en el proceso», en gran medida para que los niños pudiesen «prosperar en la “nueva” economía monetaria de pos- guerra, puesto que era un requisito para obtener traba- jos mejor remunerados» (Ibíd., 2020: 294).
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Tío S(p)am: el alto precio del colonialismo estadounidense en Guam



























































































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