Page 78 - I estoria-ta: Guam, las MarianasI estoria-ta: Guam, las MarianasI estoria-ta: Guam, las Marianas y la cultura chamorra
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2 HUGUA. EL PERIODO COLONIAL
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que llevó incluso a poner en peligro la continuidad de la propia colonia (Hezel, 2015: 80-81). En este artícu- lo resumiré de qué modo el proyecto ABERIGUA, que con b significa «investiga» en chamorro y es también nuestro acrónimo para «Arqueología del Contacto Cul- tural y Colonialismo Ibérico en Guam y las islas Maria- nas», estudia estos procesos.
2. La nueva normalidad colonial
Aunque la historia de la humanidad es un proceso de muy largo aliento plagado de cambios y continuidades, ciertos acontecimientos históricos representan auténticos pun- tos de inflexión. La expansión de las monarquías ibéricas a finales de la Edad Media, con sus procesos asociados de conquista y colonización, sin duda es uno de ellos. A par- tir de entonces, se multiplicaron las interacciones entre las diferentes poblaciones del mundo a una escala (local, regional y, por primera vez, planetaria) y un ritmo nunca antes vividos, a la vez que se fue tomando consciencia sobre su globalidad (Montón-Subías y Abejez, 2015: 23). Los cambios fueron de tal magnitud que, en realidad, lo que se produjo fue una transformación del mundo como tal (Quijano, 2000, 2016; ver también Wallerstein, 1974; Gruzinski, 2012; Giráldez, 2015).
Este cambio de mundo supuso un giro patriarcal (Federicci, 2004; Mies, 1986; Segato, 2011) que alteró la vida de mujeres, hombres, niños, niñas y posibles otros a lo largo y ancho del planeta. Que la colonización de Guam tuvo este efecto ha sido postulado por investiga- doras como Laura Souder (1992) o, entre otras, Anne Perez Hattori (2018). Desde ABERIGUA queremos pro- fundizar en este viraje situando en el centro el análi- sis de la vida cotidiana, el cuerpo y la cultura material, que entendemos como partes constitutivas del mismo y no únicamente como su resultado pasivo. Para ello, prestamos especial atención a las Actividades de Man- tenimiento (Figura 31), una propuesta de investigación nacida de un grupo español de arqueólogas feminis- tas (González Marcén et al., 2008) para atender a un conjunto de prácticas cotidianas, rutinarias, repetitivas, no especializadas e imprescindibles para sostener y re- producir la vida en cualquier lugar. Todas estas activi- dades fueron intervenidas por la misión jesuita con el objetivo claro de sustituir la lógica cultural chamorra por la suya propia (Montón-Subías, 2019). A través de ellas, muchos cambios se canalizaron en nuevas ruti- nas diarias. Sin embargo, las actividades de manteni- miento también funcionaron como auténticas reservas
Figura 31: Actividades de Mantenimiento.
de continuidad cultural (Montón-Subías y Hernando, 2021) y contribuyeron a que el sentirse chamorro o chamorra haya perdurado hasta el presente (sobre la continuidad cultural, ver también Clement, 2019; Diaz, 1994; Leon, 2020a; Lujan, 2020; Na´puti y Lujan, 2015; Hattori, 2006, 2018; Perez Viernes, 2016; Souder, 1992).
Los misioneros jesuitas llegaron a Guam con experi- encia acumulada en la gestión de misiones coloniales. Por ello, tras construir su primera iglesia en Hagåtña, pronto solicitaron recursos para edificar su primera escuela. A través de su capacidad para incidir sobre la socialización y educación infantil, resultaron un mecanismo especial- mente apropiado para actuar sobre el futuro (Jaulin, 1973: 167). Las fuentes españolas alaban el esfuerzo puesto en la «caza» de niños y niñas «que habían de ser como la levadura que sazonase toda la masa de aquellas islas con su buen ejemplo» (García, 1683: 240).
Anteriormente a la misión, la socialización infantil debía de ser un asunto familiar y comunitario. Sabemos que las sociedades Latte del siglo xvii eran sociedades orales regidas por la realización de tareas recurrentes, relacionadas con la horticultura, la recolección de los recursos de la jungla, el marisqueo, la pesca y las propias actividades de mantenimiento (Carson, 2012; Dixon et al., 2011; Manner, 2008; Russell, 1998). Los textos nos informan sobre la existencia de linajes de diferente rango de posible filiación matrilineal y sobre la figura de los principales, seguramente jefes o líderes locales pertenecientes a los linajes de más rango (ver también Driver, 1983: 208). Juan Pobre de Zamora, un misionero franciscano anterior a la colonia que pasó unos meses en Marianas en 1602, anotó que se llamaban magaries

























































































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