Page 67 - Azaña: Intelectual y estadista | eBook
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“dictablanda”, que habían supuesto graves quebrantos económicos para la Docta Casa, así como para algunos de sus miembros, debido a los cierres, nombramiento de junta facciosa, intento de cierre definitivo, así como el encarcelamiento de la Junta Directiva legítima.
Muchas cosas habían ocurrido en España desde que una “comisión” de jóvenes socios, de la que formaban parte la futura periodista Josefina Cara- bias1 y quien años más tarde sería secretario particular del presidente de la República, Santos Martínez, visitaran en su domicilio a Manuel Azaña, en febrero de 1930, para convencerle de que volviera al Ateneo, en una cita preparada por Ramón del Valle-Inclán2, principal promotor del regreso a la Junta de Gobierno del antiguo secretario de la entidad. La pretensión de los partidarios de Azaña en la Docta Casa era que ocupara la vacante pro- ducida del cargo de depositario, tras la dimisión del doctor Salvador Pas- cual, que había sido llamado desde el Palacio Real para ocuparse de la de- licada salud del príncipe de Asturias, en la Junta que aún presidía Gregorio Marañón3, recién repuesta; pero como paso previo a su presentación a las elecciones internas del mes de junio, en una candidatura que encabezaría el propio Azaña. La pretensión de Valle-Inclán iba más allá, y era que Ma- nuel Azaña comenzase a ser conocido en toda España desde un cargo que el dramaturgo sabía que su amigo iba a desempeñar con eficacia, y que suponía una plataforma formidable para su lanzamiento como ministro de la futura República.
El Ateneo había abierto sus puertas el día 12 de febrero, tras un acuerdo de gobierno del general Berenguer el día anterior, lo que suponía también el cese de la junta facciosa y la reposición de la Junta de Gobierno legítima, la que había sido destituida en junio de 1926. Se dio la coincidencia de que, precisamente, era el día en el que los republicanos celebraban, como una tradición, un banquete conmemorativo de la Primera República. En el festejo de 1930, celebrado en el parque madrileño de la Bombilla, con más de dos mil asistentes, Azaña pronunció un discurso4 breve, por tratarse solo de una salutación en nombre de Acción Republicana, pero que fue muy co- mentado por lo que tenía de contundente en su descripción de la ilegitimi- dad en que se encontraba la monarquía y por su llamamiento al combate y a la unidad de todas las fuerzas republicanas.
En este regreso de Azaña al Ateneo hay un episodio contradictorio, como lo es el que figurase en la candidatura encabezada por Gregorio Marañón, en las elecciones para “legalizar” la Junta legítima, y que se celebraron el 13 de marzo de 1930. Decimos contradictorio, y así lo debió de pensar el propio Azaña, ya que parece que tuvo dudas acerca del procedimiento, entre otras razones porque, si se trataba de “legalizar” la Junta legítima, en puridad deberían someterse a votación solo los nombres de quienes habían formado parte de la directiva, y cuya elección procedía de 1924, por lo que llegó a escribir una carta dirigida a los socios, que fijó en la vitrina de anun-
1 Carabias, Josefina, Azaña: Los que le llamábamos don Manuel, Esplugues de Llobregat, Plaza & Janes, 1980.
2 Herreros, Isabelo, “Testimonio de Santos Martínez Saura”, en Egido León, Ángeles (ed.), Azaña y los otros, Madrid, Biblioteca Nueva, 2001, pp. 191-207.
3 Marañón había sido elegido presiden- te del Ateneo por aclamación, el 29 de octubre de 1924, tras la dimisión de Armando Palacio Valdés, en una situación legal confusa, ya que el go- bierno del Directorio militar no ha- bía permitido celebrar sesión electo- ral. Durante este periodo, que abarca hasta la normalización jurídica tras la apertura del Ateneo, la reposición de la Junta legítima y la celebración de unas elecciones para legalizarla, el doctor Marañón fue considerado por la opinión pública como presidente, particularmente en la prensa liberal y republicana.
4 Azaña, Manuel, “Llamada al comba- te”, alocución en el banquete republi- cano de 11 de febrero de 1930, en Una política (1930-1932), Madrid, Espasa-Calpe, 1932.
66 isabelo herreros


























































































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