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de júniors) a partir de ahora (o de muy poco) van
a poder ser resueltos satisfactoriamente con
estas herramientas, quizás no mejor, pero sí más
rápido y, por ende, de manera más económica.
Esto puede llegar a generar un gap y distancia-
miento entre los profesionales que ya cuentan
con experiencia y los que recién comienzan, ya
que no van a poder lograr ser competitivos para
su nivel de conocimiento».
Nuevamente, el director y productor Luis Téllez
destaca algunas de estas nuevas competencias
necesarias en el perfil de los nuevos creadores:
«lo central no será la herramienta, sino el camino
andado. La IA, usada sin criterio, tiende a la
homogeneización. Pero, justo por eso, el criterio
—las lecturas, el bagaje cultural e intelectual, la
experiencia acumulada— se vuelve más impor-
tante que nunca. No para generar más, sino
para discriminar: datos, estructuras, direcciones,
exploraciones, iteraciones. Por ello, habrá que
garantizar el acceso a este tipo de formación».
Joaquín Seguí ve que la trampa puede ser aún
más peligrosa, ya que la supuesta democratiza-
ción se convierte en una segregación impuesta
por las grandes potencias. «El acceso a la tecno-
logía implica un determinante de las oportunida-
des y posibilidades de los individuos, de las clases
sociales o de los países. Tener acceso a esta
herramienta supone una ventaja y es una opor-
tunidad para la segregación entre los sectores
que tengan acceso y los que no. Esto mismo está
emparentado con quiénes tienen la capacidad y
el control sobre la producción y distribución de
esta herramienta, que ahora son en general las
grandes potencias de Oriente y Occidente».
2.3. Asegurar el respeto a la propiedad
intelectual y atender los vacíos legales
Éticamente, preocupa el uso no consentido de
imágenes, estilos y datos, así como la antro-
pomorfización de sistemas de IA. Legalmente,
persiste una ausencia de marcos regulatorios
claros y homogéneos en torno a derechos de
autor, uso de imagen y trazabilidad de las obras.
Económicamente, existe un riesgo real de con-
centración del valor en pocas plataformas. Por
todo lo anterior, los expertos destacan la urgencia
de establecer marcos regulatorios y éticos claros.
Anna Amadei, por ejemplo, advierte sobre «el
riesgo del engaño», especialmente en un con-
texto donde se vuelve difícil distinguir lo humano
de lo generado artificialmente. A la vez, Paola
Moret agrega que en el ecosistema digital actual
ya existe «desconfianza» respecto a lo que se ve,
lo que revaloriza medios analógicos.
En el plano ético, Nicolás Madoery, director
de Futurx, identifica tres ejes fundamentales:
la proveniencia, el consentimiento y la remu-
neración. Es decir, «qué datos se usaron, con
qué permisos, y cómo se remunera». Además,
advierte sobre los sesgos incorporados en los
modelos y cómo, dentro de la música, «aparecen
tanto en datasets como en metadata, moldeados
por criterios mainstream», lo que puede reforzar
desigualdades culturales. A esto se suma un
riesgo creciente con el foco en la confusión
deliberada entre obra humana y sintética me-
diante «deepfakes, suplantación de identidad
vocal y manipulación», amenazando la confianza
del público.
González Mendoza menciona la «vulneración de
derechos morales y patrimoniales por el uso sin
autorización» de las obras para entrenar mo-
delos. La falta de regulación es un tema crítico.
Sobre este marco regulatorio, Andrea Vasco
considera que aún es claramente insuficiente,
enfatiza que «las leyes no dan abasto para cubrir
los vacíos legales» y destaca «la dificultad de
mantener una regulación estable cuando las
tecnologías evolucionan a un ritmo mucho más
acelerado».
Definitivamente, los desafíos son profundos.
El artista plástico mexicano Helio Santos nos
cuenta sobre la ley de derechos de autor en
México, destacando que Indautor (la depen-
dencia encargada de derechos de autor) no
puede registrar una obra creada con inteligencia
Cartografía del uso de la IA en la creación digital en español
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