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hacerse cargo la cultura. Entonces movilizaron
muchos de sus esfuerzos por hacer del arte un
terreno digno en el que librar la batalla cultural
y desde el que recomponer una psique colectiva
que estaba rota, fragmentada.
Fragmento 9: ambivalencia
quizás sean: ¿cómo es posible, en un mundo
hiperconectado, que las personas no entiendan
lo que está pasando? ¿Cómo es posible no tener
una opinión sobre la violación reiterada de los
derechos humanos tanto en el Norte como en
el Sur Global? Quizás la cuestión aquí no sea la
falta de conocimiento o de información, sino la
falta de interés. ¿Estamos seguras de que esta
postura merece la pena? ¿Estamos dispuestas
a pagar el precio ético de situar la cultura por
encima de la vida?
La escritora Arundhati Roy, en un comunicado
publicado recientemente sobre su decisión de
retirarse de la Berlinale este año, justificaba la
acción diciendo: «Escucharlos decir que el arte
no debería ser político es asombroso. Es una
forma de silenciar una conversación sobre un
crimen contra la humanidad, incluso mientras
se desarrolla ante nosotros en tiempo real,
cuando artistas, escritores y cineastas deberían
estar haciendo todo lo posible por detenerlo».12
Este posicionamiento ha adquirido, por suerte,
cada vez más notoriedad en entornos culturales
vinculados al cine, pero sigue contrastando
con posturas como la mantenida por Michelle
Yeoh tras recibir el Oso de Oro del festival.
Cuando una reportera le pregunta por su opi-
nión respecto a la política migratoria de su país
de residencia, Estados Unidos, y las prácticas
inhumanas que en su territorio se llevan a cabo
con tal fin, Yeoh responde: «No creo estar en
la posición de hablar de la situación política de
Estados Unidos, y tampoco puedo afirmar que
entienda cómo es. Así que es mejor no hablar de
algo que desconoces. Mejor centrarse en lo que
es importante para nosotras, que es el cine».13
Descontextualizada, esta intervención puede
servirnos para apreciar la modestia de reconocer
que hablar desde del desconocimiento puede ser
contraproducente, pero este análisis es insufi-
ciente. Las preguntas que deberíamos hacernos
Mohammed Zaanoun, “Hospital Al-Shifa”
(serie sobre el conflicto en Gaza), 2023.
Anuario AC/E de cultura digital 2026
12 13 Javier Zurro, «La escritora Arundhati Roy cancela
su presencia en la Berlinale tras la negativa del
jurado a condenar el genocidio en Gaza», elDiario.
es, 13 de febrero de 2026.
Ellise Shafer, «Michelle Yeoh Avoids Questions
About U.S Politics in Berlin and Shifts Focus to
Cinema: Best Not To Talks About Something I
Don’t Know», Variety, 13 de febrero de 2026.
La tibieza de estos posicionamientos apunta
a un espejismo, el de la cultura como esfera
autónoma y separada de la realidad, y es intere-
sante trazar una línea entre el formalismo como
análisis descontextualizado aunque legitimado,
el positivismo como análisis autorizado de una
parte aislada del todo y este tipo de posturas
personales que, al pretenderse despolitizadas,
se demuestran profundamente políticas. Como
el formalismo o el positivismo, la tibieza es una
opción no solo personal o profesional, también
ética y moral. La cultura, al apelar a lo simbólico,
se comunica con las estructuras de poder que
sostienen esa esfera de realidad, ya sea legiti-
mándolas o interpelándolas. No hay postura
neutra, no hay retaguardia protegida. «El frente
de batalla está en todas partes». La pregunta es:
¿estamos a la altura de las circunstancias que nos
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El MARCO fRAGMENTADO: USOS y DESUSOS DEL CONTExTO EN LA DIVULGACIón…
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EUGENIA TENENbAUM



















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