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figuras como Donald Glover (Childish Gambino)
con la serie Atlanta (Fox, 2016-2022), el mítico
videoclip «This is America» (2018) o su álbum
experimental 3.15.20 (2020).
El universo Membrana, de Jorge Carrión.
Una de las formas más relevantes de la oscilación
entre factualidad y ficcionalidad son los relatos
«basados en hechos reales», una de las formas
del pacto ficcional ambiguo. Esta categoría
resume muy bien buena parte de los problemas
teóricos y políticos que hay en juego en las
(nuevas) fronteras entre la ficción y la no ficción.
En efecto, un film que se declara (en sus títulos
de crédito) como «basado en hechos reales», o
bien que utiliza recursos o materiales de archivo
«reales» que, por ejemplo, se corresponden con
el personaje cuya historia se está presentando
reclama del espectador una recepción, una
actitud de aceptación de «la verdad» de los
hechos representados sobre la base de una refe-
rencialidad presente en la enunciación narrativa.
A veces basta con integrar en el film (gracias
a la intermedialidad) documentos, texturas y
formatos que simulan su carácter documental
(fotografías con posados clásicos, secuencias en
blanco y negro mudas, hojas de periódicos, etc.),
como en el reciente film de Martin Scorsese Los
asesinos de la luna (2023), donde asistimos tal
vez a la metalepsis más fuerte de la carrera del
director, que aparece al final del relato ficcional
leyendo datos documentales del caso como locu-
tor de un programa de radio sobre esa historia
«real», insuflando un gesto político adicional a su
adaptación de la crónica de no ficción de David
Grann (2017).
Una de las formas más relevantes de la
oscilación entre factualidad y ficcionalidad
son los relatos «basados en hechos reales»,
una de las formas del pacto ficcional
ambiguo.
Martin Scorsese en la escena final de
Los asesinos de la luna (2023).
El auge del documental está conectado también
con internet como medio de comunicación.
«Somos víctimas agradecidas del síndrome
documental» (Carrera y Talens, 2018: 38), pues
hoy todos tenemos la posibilidad de registrar
nuestra cotidianidad haciendo un uso sencillo de
nuestros smartphones. Sin embargo, hace falta
más para que un texto o una imagen se convierta
en documental: las preguntas adecuadas y un
punto de vista (narración y edición audiovi-
suales). Por eso la ficción acude al «basado en
hechos reales», la mezcla «perfecta» del poder
imaginativo y narrativo de los géneros de ficción
y el potencial de veridicción de los relatos docu-
mentales. Pero si a veces el «basado en hechos
reales» puede servir de «coartada» al discurso
ficcional para justificar su «interpretación» de
los hechos relatados (la serie de HBO Chernobyl,
2019, apelaba en sus créditos: «Based on the
Untold True Story»), también es verdad que en
la ambigüedad de este espacio creativo surgen
propuestas progresivamente innovadoras que
demuestran una conciencia de la responsabilidad
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