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#Entrevistamos a los comisarios de "Lope y el teatro del Siglo de Oro"

#Entrevistamos a los comisarios de "Lope y el teatro del Siglo de Oro"

Madrid - 07 de Enero de 2019
Lope fue un autor de gran talento y muy prolífico, ¿cómo definirían Uds. brevemente la trayectoria vital de este gran personaje de nuestras letras?
GV - Lope fue un animal literario como pocos otros ofrece la literatura española ni la universal. Vivió la literatura en todas sus bazas y literaturizó su vida. Los contemporáneos se lo recompensaron erigiéndole en uno de los escritores más famosos y populares en vida que se conocen. “Es de Lope” se convirtió en expresión para superlativizar no solo el valor de una obra literaria sino de cualquier cosa a la que se aplicara; expresión que, por cierto, surgió fuera de nuestro territorio, lo que nos da también idea de su prestigio internacional. Cervantes lo llamó “monstruo de naturaleza”, consciente ―y dolido por lo que afectaba a su teatro― de su extraordinaria fecundidad. Pero su excepcionalidad es evidente desde cualquier lado que se le observe. Lo es, claramente, desde las cifras de su producción dramática: según su amigo y discípulo Pérez de Montalbán, las comedias llegaron a 1.800 y pasaron de 400 los autos; en todo caso, son más de 340 las que hoy podemos leer (recuérdese que las de Shakespeare o Molière no llegan a 40). Pero también fue desmesurado en la variedad de géneros que cultivó ―prácticamente todos― durante una larga trayectoria que comienza precozmente, leyendo latín y componiendo versos ya a los cinco años y comedias a los doce ―según su propio testimonio― hasta su muerte en 1635: teatro, novela, poesía lírica, poesía épica, poesía didáctica. En el teatro, las cifras, la calidad de sus obras, el acierto en elegir de toda la experimentación teatral que venía de décadas atrás aquello por lo que el público estaba dispuesto a pagar una entrada, le hicieron alzarse con la “monarquía cómica” ―de nuevo la expresión es de Cervantes― como principal responsable de la fórmula triunfante en corrales y salones, fórmula que él mismo justificó y explicó en el Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo. Pero no solo es protagonista indiscutible, junto con Calderón de la Barca o Tirso de Molina, del importante capítulo que es el teatro del Siglo de Oro, uno de los que mayor repercusión fuera y dentro, ayer y hoy, de nuestro pasado cultural, también Lope comparte la cima de la poesía lírica en un momento excepcional del género, en el que brillaron poetas como Góngora o Quevedo.
Efectivamente, fue un creador enorme en el corazón del Siglo de Oro, en el que también brillaron otros creadores enormes. Esto le hizo crecerse aún más. Su raza de escritor le impulsaba permanentemente a demostrar su superioridad, muy celoso de que nadie le arrebatara la primacía. Se ve especialmente en su relación con los dramaturgos que comenzaron a cosechar éxitos cuando Lope ya había entrado en los sesenta, entre los que descollaba Calderón, con el que intentó medirse en su propio terreno. Aunque era el autor más significado de lo que dieron en llamar la “lengua antigua”, opuesta a la “nueva” que representaban los poetas culteranos, también intentó enfrentarse a estos con sus propias armas. Asimismo, en su afán de ganarse el beneplácito de los círculos selectos, se esforzó en lucir galas cultas, aunque tuviera que recurrir a las wikipedias de la época. Y todo esto en medio de una vida ajetreada, en la que hubo viajes, armas y pleitos, y en la que especialmente el amor y sus cambiantes concreciones requirieron muchos afanes.
 
 
El teatro del Siglo de Oro constituye uno de los capítulos más destacados del pasado cultural español y de la dramaturgia universal
¿Creen Uds. que homenajes como este ayudan a releer y ‘desempolvar’ a los clásicos para que las nuevas generaciones vuelvan a descubrirlos?
¿Es el arte clásico capaz de reflejar los problemas sociales, humanos y políticos de la actualidad?
¿Qué obras suyas creen que son indispensables y recomendarían leer en la escuela y/o a los lectores en general?

RV - Sí, claro, eso es lo que se pretende, a lo que se pretende contribuir. Somos muchos los que hacemos un esfuerzo porque este patrimonio cultural siga estando vivo, lo desempolvemos, lo restauramos o lo recuperemos con todo su vigor y colorido en nuestros días. Somos muchos los implicados en esa tarea: desde el mundo de la escena a los investigadores o los comisarios e instituciones que hemos propuesto y hemos colaborado en esta exposición. A pesar de que ese arte, ese teatro, tiene ya en su contenido, por sí mismo, algo que lo convierte en clásico y en referente indispensable, en repertorio de compañías y de teatros hoy, y que concita el interés del público. Y es precisamente esa capacidad de reflejar unas realidades o unas inquietudes. Vuelvo un momento a la pregunta anterior. Yo diría que Lope es un hombre de su tiempo. Esto es una obviedad, pero en seguida me explico. Es un hombre de su tiempo por lo que dice y lo que quiere transmitir. Por ejemplo, Lope es un hombre del sistema, que defiende el sistema y quiere medrar en él. Pero, por otro lado, es un hombre de su tiempo porque percibe y siente inquietudes que se empiezan a reflejar en su momento. Esas inquietudes tal vez estén ya presentes en su obra no porque quiera Lope hacer de ellas su mensaje, sino precisamente, porque de manera casi involuntaria las refleja. Me refiero por ejemplo al tema de la honra villana. El villano y la villana sienten su derecho al sentimiento de la honra. Y como Lope quiere agradar al público, y quiere conmoverlo, percibe ese sentimiento y crea una obra como Fuenteovejuna. Lo dice claramente en el Arte nuevo de hacer comedias. Casi seguro que Lope no quería defender con su obra un sentimiento “democrático” del honor, pero es lo que finalmente hace, y al hacerlo, está contribuyendo al avance de la sociedad y de la historia. Y está creando un mensaje que va a pervivir en el tiempo y va a seguir siendo vigente hasta la Rusia prerrevolucionaria, cuando en 1876 se estrena en Moscú y arrastra hasta el llanto y los himnos revolucionarios al público, y la Rusia revolucionaria, ya en 1922. Así es como nacen los clásicos, porque se tocan temas con unos recursos artísiticos y poéticos que no pueden dejar de conmovernos. Por otro lado, quien es objeto directo de la agresión es la mujer, que se ve hasta cierto punto abandonada y sola por su entorno social. Ahí, de nuevo y por desgracia, tenemos otro punto de actualidad. Y es por eso por lo que hoy en día se pueden retomar y reinterpretar estas obras, y nos sirven para hablar desde el feminicidio en Ciudad Juárez (puesta en escena de Cross Border Project) o, también, incluso, y desde una óptica muy distinta y también muy sutil, sobre la ilegitimidad del linchamiento (compañía Obskené).
Estas obras que abordan estos conflictos universales y que implican a la vez un punto culminante en su realización estética tal vez sean las imprescindibles. Lope escribió mucho, y no siempre de la misma calidad. Pero digamos que las que conforman lo que llamamos “el canon” son las fundamentales. Peribáñez y el comendador de Ocaña, Fuenteovejuna, La dama boba, El perro del hortelano, El caballero de Olmedo, El castigo sin venganza... También podríamos sacar a relucir otras, no tan conocidas y que habría que representar más. Hace pocos años, una red de grupos de investigación propuso lo que llamamos el Canon 60, las sesenta obras fundamentales del teatro del Siglo de Oro, en un proyecto que dirigió Joan Oleza desde la Universitat de València. De Lope, además de las ya mencionadas, salieron a relucir Adonis y Venus, El anzuelo de Fenisa, Las bizarrías de Belisa, El galán Castrucho, El lacayo fingido, El mayordomo de la duquesa de Amalfi, El mejor alcalde, el rey, El villano, en su rincón y La viuda valenciana. Lope escribió muchísimo, de variada calidad, pero mucho muy bueno, así que no estaría nada mal intentar salirnos de los clásicos de siempre e ir subiendo a la escena otras grandes obras para que el público tuviera la oportunidad de conocerlas también. Siempre habrá que poner los grandes clásicos, porque nos gusta recordarlos, como cuando vamos a conciertos, tanto clásicos como modernos y queremos escuchar los “standards”, pero hay que dar oportunidad también a “nuevas” obras y que pasen a formar parte del repertorio.
Si yo tuviera que pronunciarme sobre lecturas, para la escuela tal vez sea pronto, pero para el bachillerato, y para el interesado en el teatro, cualquiera de las más grandes obras antes mencionadas, por este orden (aunque hay mucho de gusto personal): El caballero de Olmedo, Fuenteovejuna, El perro del hortelano y El castigo sin venganza. Por cierto, todas han sido editadas con rigor filológico por PROLOPE, y se pueden leer en libro o en la red.

 
¿Qué hay de cierto en la historia de que Cervantes y Lope fueron amigos pero los celos corroyeron su relación hasta fulminarla?
GV - La competencia entre artistas se ha dado en todos los tiempos y lugares. El Siglo de Oro español, con una concentración de genios de las letras como pocas veces se ha dado, nos ofrece testimonios múltiples de los celos y recelos con que entre ellos se miraron. En todo caso, los testimonios de rivalidad entre Lope y Cervantes ―sobre todo por parte de este― no llegan a mostrar la virulencia que apreciamos en otros dos grandes de la literatura del momento, como Góngora y Quevedo, que se brindaron una enemistad eterna (entiéndase lo de eterna por los magníficos reflejos literarios, en el campo de la sátira, a los que esa enemistad dio lugar). A unos y a otros no les separan tanto sus concepciones artísticas como los celos por el éxito alcanzado por el rival en el campo que a cada uno también le hubiera gustado ser considerado el más grande. Por decirlo de una manera expresiva, a Cervantes le hubiera gustado ser Lope, y triunfar en el teatro, y a Lope ser Cervantes, y crear la novela moderna. Desde la perspectiva de su tiempo, es evidente que traía más cuenta ser Lope, el dominador absoluto del teatro comercial, el único género literario que permitía ingresos sustanciosos y continuados, a través de la venta de las comedias a las compañías. Pero a Lope, tan celoso siempre de ser el mejor en todo, le tuvo que doler mucho el éxito de su rival con la novela. En 1614 aparecía publicada la segunda parte del Quijote a nombre de Avellaneda, uno de los enigmas mayores de nuestra historia literaria, que los estudiosos de todas las épocas se han empeñado en desentrañar proponiendo distintas identificaciones del autor, sin refrendo definitivo aún, aunque es indiscutible su afinidad con la causa que representa Lope. Mucho disgustó a Cervantes la usurpación y las palabras con que Avellaneda se refiere a él, pero las rivalidades son con frecuencia fecundas en literatura. Al igual que sin Calderón pisándole los talones, Lope no habría reaccionado y compuesto esa maravilla que es El castigo sin venganza (que precisamente estos días se puede ver en el teatro de La Comedia, dirigida por Helena Pimenta), sin la continuación apócrifa de su novela es posible que el viejo Cervantes no hubiera dado a las prensas la segunda -y verdadera- parte de su genial novela; y, en todo caso, esa continuación no hubiera podido desplegar el genial juego metaliterario con que asume la falsa, y que constituye uno de sus mayores aciertos.
Como recordaba antes, en el prólogo de su libro Ocho comedias y ocho entremeses jamás representados, Cervantes llama a Lope “monstruo de naturaleza”: está claro que no es un insulto ―aunque ganas no le faltarían― sino una de las formas que la época ofrecía de señalar lo extraordinario. Se ha visto obligado a publicar esas piezas teatrales porque los empresarios no han querido comprar un producto que difiere de la fórmula triunfante que ha consagrado Lope. Con su proverbial moderación cervantina, parece asumir que su rival se haya hecho con la “monarquía cómica” por los aciertos de un teatro que gusta al público y por el número de sus comedias, “tantas que pasan de diez mil pliegos los que tiene escritos cifras”: si tenemos en cuenta que para escribir el autógrafo de La dama boba ―una de las joyas que se exhiben en la exposición y que da pie a uno de sus núcleos principales― Lope necesitó 15 pliegos de papel, la cifra de Cervantes daría para más de 660 comedias, y estamos en 1615, cuando a Lope aún le quedan veinte años de producción. No obstante, se muestra más crítico con la fórmula lopista triunfante en el Quijote.
 
¿Cómo se gestó esta exposición y cuál es el objetivo que se marcaron con ella? ¿Qué encontrará el público que se acerque a visitarla?
RV - Curiosamente esta exposición se gestó en una idea mucho más reducida. Queríamos enseñar solo algo de lo que se explica en la última sección, las aplicaciones de las nuevas tecnologías en la gestión del patrimonio, la investigación y la difusión del teatro. Y partía, de hecho, de esa tecnología que ha desarrollado el grupo PRHLT en la Universitat Politècnica de València para realizar búsquedas y transcripciones infoasistidas por el ordenador. Cuando llevamos el proyecto a la Biblioteca Nacional de España, Sergio Martínez nos planteó el reto: si hacemos una exposición sobre teatro del Siglo de Oro aquí no podemos limitarnos a contar eso, debe ser una gran exposición. Y fue entonces cuando entendimos que había que contar el fenómeno del teatro del Siglo de Oro en su momento (sección I) y en su evolución más allá de su tiempo y sus fronteras (sección II), para llegar al siglo XX con su pervivencia (sección III) hasta la era digital (sección IV).
GV - De todas formas, hemos querido que esa idea primera de la situación del teatro del Siglo de Oro hoy, tanto por lo que concierne a la puesta en escena como al estudio, estuviera presente en todas las secciones. De ahí que incluso en la primera, donde los elementos estelares, son los autógrafos y primeras ediciones que custodia la BNE, los telones que delimitan los espacios ofrezcan imágenes de puestas en escena actuales de las obras que están en las vitrinas o una pantalla que ofrece la reconstrucción virtual del corral de la Montería de Sevilla; y que, en esta sección, y en las sucesivas haya puestos lab para completar el recorrido expositivo con la riqueza de materiales que ofrecen los recursos informáticos.
 
¿Cómo abordaron el trabajo de seleccionar las obras entre todo el material que atesora la Biblioteca Nacional precisamente sobre el estudio, la representación escénica y la investigación sobre Lope y el Teatro del Siglo de Oro? ¿Qué destacarían de ese gran patrimonio? ¿Han podido incluir todo lo que tenían en mente inicialmente?
RV - Jajajjajajaja. Partimos de un proyecto que ocupaba ochenta páginas en un documento Word. Hay demasiado que contar y hay que seleccionar mucho, muchísimo. El fenómeno tuvo en origen unas dimensiones gigantescas por las cifras de autores y obras, así como por la cantidad y variedad de aspectos implicados, y su duración. También ha sido abundante en su recorrido por las distintas épocas y territorios, y lo es, y mucho, su presencia hoy en los escenarios y en las mesas de los estudiosos, donde las nuevas tecnologías, de las que queríamos dar cuenta en especial, están cada vez más presentes. Había que sintetizar mucho, claro está. Pero también hemos procurado ingeniárnoslas para dar cuenta de la enormidad de algunos de sus componentes. Un ejemplo: desde el principio tuvimos el empeño de que estuviera presente la monumentalidad de la producción dramática de Lope, y para ello, con el apoyo de los diseñadores, hemos destinado un gran panel en la exposición que ofrece todas las portadas antiguas de todas las comedias de atribución segura a Lope.
GV - Es evidente que ha quedado fuera bastante de lo que iba en el plan inicial; también se han añadido algunos elementos que no estaban en él. En la depuración ha intervenido un factor positivo, como es el trabajo codo con codo con los expertos de la BNE, la AC/E y El Taller de GC, muy buenos conocedores de lo que resulta más eficaz para comunicarse con los distintos tipos de visitantes. Entre ellos estarán, evidentemente, los expertos en la materia, a los que esperamos que les agrade el encuentro con materiales que no conocían o no habían visto sus originales, así como la concentración de elementos fundamentales para entender el fenómeno. Pero también queremos que sirva la muestra sirva para hacer partícipes del fenómeno a quienes conocen poco de él, pero sienten curiosidad, o es necesario que la sientan, como en el caso de los escolares. En el filtro reductor también han intervenido ―pero afortunadamente mucho menos― factores negativos, como la falta de espacio, la imposibilidad de que algunas instituciones prestasen las piezas solicitadas o los recortes presupuestarios.
 
El recorrido expositivo desvela aspectos y miradas diferentes sobre el teatro del Siglo de Oro, ¿podría contarnos algunas anécdotas a partir de objetos expuestos?
RV - 
Hay mucho que contar... También entre lo que hemos renunciado. ¡Había una muñeca de María Guerrero vestida de La dama boba, Finea! A mí me gustan mucho algunos documentos de la primera sección. Germán me recrimina que cuando estamos presentando la exposición yo me pongo a contar anécdotas curiosas. Tenemos un acta notarial, procedente del Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, en la que se deja constancia de cómo el teatro apasionaba al público y se representaba también en días laborables. Un alguacil visita el corral y ve que están representando. Al pretender parar la representación, el actor, el director de la compañía, el italiano Alberto Naselli, alias “Ganassa”, le dice que tiene permiso para representar en días laborables nada menos que de Su Majestad el Rey, ante el cual había actuado en la fiesta del Corpus. Entonces el alguacil llama a un notario y dejan constancia del hecho y de la respuesta del actor. Esto ocurre en 1579 y el documento forma parte del Libro de cuentas de los corrales de comedias. El mismo documento, el Libro de cuentas, físicamente es precioso, encuadernado en pergamino, y se conserva en el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid, que lo ha prestado para esta exposición. Otra anécdota divertida es la que refleja un documento en el que trece actrices se organizan y elevan un memorial al Consejo de Castilla. Como los moralistas se escandalizan de ver a mujeres más o menos ligeras de ropa, o bien en gestos amorosos con hombres en escena, prohíben a las actrices representar. Claro, la consecuencia es que esas mismas escenas, las llevan a cabo solo hombres. El rey, en una nota manuscrita, llega a preguntar si no será mejor dejar representar a las actrices que ver tocamientos indecentes -hay que observarlo todo desde la mentalidad de la época- entre hombres. Al final, después de diferentes consideraciones, el Consejo de Castilla determina dejar representar a las mujeres; eso sí, siempre que actúen en las mismas compañías que sus maridos, que no vayan en las compañías actrices solteras y que cada cual represente personajes de su propio género. Todo lo que nos cuentan estos documentos, valiosísimos, es la “historia externa” del teatro, cómo fue recibido por los moralistas, qué repercusiones económicas tuvo, etc.
GV - Son bastantes los elementos del recorrido que ofrecen aspectos curiosos que llamarán la atención de una buena parte de los visitantes. De ellos se procura dejar constancia en las cartelas explicativas que acompañan a esos elementos, y que pueden leerse en la sala o en el catálogo web de la exposición desde los ordenadores personales o los móviles. Mencionaré un caso de la sección 2ª, dedicada al influjo del teatro del Siglo de Oro más allá de su tiempo y de sus fronteras, en la que puede verse el retrato de Goethe, el Cervantes alemán: la razón es que pocos como él pueden dar una idea del influjo en otros territorios europeos de nuestro teatro, cifrado especialmente en Calderón, hacia el que profesaba una admiración sin límites, que contrasta con la desatención de los españoles durante décadas; de él decía que “era infinitamente grande en lo teatral y en lo técnico”, “el genio que a la vez ha tenido mayor inteligencia”; y que si toda la poesía del mundo desapareciera sería posible reconstruirla sobre la base de El príncipe constante, una obra a la que se ha prestado poca atención en nuestros escenarios, pero que le apasionaba tanto que la puso en escena en Weimar en 1810, y se cuenta que durante el estreno, en el que estaban presentes Humboldt y Schubert, Goethe lloró. Es la misma obra en la que Grotowski basó en 1968 uno de los espectáculos que mejor explican la concepción teatral que ha hecho del director polaco uno de los referentes obligados del teatro contemporáneo.
 
El recorrido termina en pleno siglo XXI, con una reflexión sobre cómo está afectando la llegada de la era digital al teatro. ¿Qué reflexiones quieren despertar en el espectador sobre este tema? ¿Cómo ven el futuro del teatro clásico ante las nuevas tecnologías que surgen continuamente y que están afectando tanto al visionado como a la producción de obras?
RV - En la última sección abordamos lo que ya hemos dicho que fue el germen de esta exposición, que luego se hizo mucho más grande: cómo la tecnología afecta a la gestión del patrimonio bibliográfico que conserva el teatro del Siglo de Oro, manuscritos e impresos antiguos que son digitalizados masivamente por las bibliotecas, y en este caso especialmente por la Biblioteca Nacional de España con una política digital digna del mayor elogio; cómo afecta a su investigación, con herramientas como las que ha creado el PRHLT de la Universitat Politècnica de València y que permiten realizar búsquedas masivas sobre imágenes de manuscritos o transcribirlos con asistencia de la máquina, o tecnologías para el análisis estadístico que permiten confirmar atribuciones de obras, sobre lo que Germán tiene un conocimiento mucho mayor. Además, también vemos cómo la tecnología, efectivamente, puede auxiliar en la puesta en escena, e incluso algunos códigos de lo que podríamos llamar el lenguaje digital pueden ayudar a entender mejor una obra de teatro, como por ejemplo, para explicar un cambio de lugar, utilizar una imagen dinámica de Google Earth que se va alejando del lugar de origen para volver a acercarse hacia el lugar de destino, como se hizo en la puesta en escena de La cortesía de España, de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico.
GV - Las nuevas tecnologías no solo ayudan a hacer mejor lo que ya hacíamos antes, sino que nos han abierto la mente para atrevernos a indagar cuestiones a las que nunca nos habíamos atrevido. Eso lo hace posible la disponibilidad de los textos que ha traído la digitalización y puesta en línea masiva de textos ―aunque todavía hace falta que sean muchos más― y las herramientas digitales para trabajar con ellos. De ello han salido muy beneficiadas las indagaciones sobre autorías, de las que tan necesitado está el teatro aurisecular por verse muy afectado por el problema de atribución. Hoy, por ejemplo, con las bases de datos de texto completo es infinitamente más fácil encontrar paralelismos expresivos entre obras, algo que antes de los ordenadores solo estaba al alcance de mentes tan prodigiosas como la de Menéndez Pelayo capaces de leer mucho y retener otro tanto. Y recientemente se ha sumado a este frente de las atribuciones la estilometría digital, que, a través de programas como Stylo, analiza estadísticamente diferentes parámetros ―el de la frecuencia de léxico ha mostrado  especial rentabilidad―, con resultados que suman nuevos indicios objetivos (es decir, que no dependen de apreciaciones subjetivas) a los que se obtenían con otros instrumentos más o menos clásicos.
Sin embargo, las grandes ventajas de las nuevas herramientas no deben hacernos minimizar los peligros que también comportan ―nada sale nunca gratis―, de los que el principal quizá sea utilizar los textos únicamente como campos de búsqueda o de procesamiento automático de lo que en cada caso nos interesa en lugar de para leerlos ―y en el caso del teatro, para verlos cobrar vida en los escenarios―. Por ejemplo, podríamos llegar a conocer la identidad del autor de El burlador de Sevilla, pero desconocer, o conocer muy poco, lo que importa más: qué es lo que esa obra nos cuenta y lo que eso supone para la constitución del mito de Don Juan.
 
Con qué ideas, conocimientos o experiencia espera que salga el público después de haber visitado la exposición?
RV - Esperamos que no haya un solo público para nuestra exposición, sino diferentes públicos. Que pueda interesar a los estudiosos, que consideren suficientemente dignos los contenidos y que gocen, como ya nos han confirmado algunos colegas, al verse rodeados de todos los manuscritos autógrafos de Lope que se custodian en la Biblioteca Nacional de España, la colección más importante. Todas esas obras y páginas las conservamos, y se exponen, de puño y letra de Lope. Pero también esperamos que disfrute esta exposición el aficionado al teatro, el que ha ido a ver La dama boba en la puesta en escena de Sanzol, y se encuentre allí con el manuscrito autógrafo. O que ha ido a ver a la Compañía Nacional de Teatro Clásico y encuentra allí vestuario, bocetos y maquetas para esas puestas en escena. Y por fin, a todo tipo de público, que tal vez se aproxime por primera vez a esa riquísima realidad cultural y pueda no solo acercarse a ver la exposición, sino a ver esa realidad cultural viva, puesta en escena, encarnada en los actores y en el eco de sus palabras y su poesía en los teatros.
 
Podrían #Recomendar algunos enlaces para conocer mejor la obra y el personaje de Lope y del teatro del Siglo de Oro.
RV - 
A lo largo de la exposición se pueden ver una serie de puestos lab donde toda esa información se ofrece, porque lo digital queremos que esté muy presente. Solo por dar tres enlaces mencionaremos el de PROLOPE, www.prolope.uab.es,  donde se ofrece la vida del autor escrita por Carlos Peña, una historia de cómo nos llegaron sus textos, o la edición en línea de Mujeres y criados, la página del grupo ARTELOPE, https://artelope.uv.es/ para que se vea un ejemplo de base de datos científica que resume la obra de Lope, y el portal de Teatro Clásico Español, de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.  http://www.cervantesvirtual.com/portales/teatro_clasico_espanol/. Con todo, estamos acabando de rematar la página web que se publicará a modo de catálogo y estará plenamente funcional en cuanto acabe la exposición, y que será un fiel espejo digital de la misma, con materiales enriquecidos, pues incluiremos en ella documentos que podremos hojear por entero y que se alojarán en la propia web o estarán enlazados. Si nos permitiera recordar un par de libros, pues, a pesar de defender tanto nosotros lo digital, no solo de enlaces vive el hombre, mencionaremos una preciosa biografía de Felipe Pedraza, en EDAF, y otra recién salida, de Antonio Sánchez Jiménez, en Cátedra.

*Germán Vega García-Luengos (GV) y Ramón Valdés Gázquez (RV)
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